La línea de ensamble en Feetz tiene 100 impresoras 3D, que producen un zumbido. Su propósito exclusivo es hacer zapatos.

Cada una tiene el nombre de un personaje de las caricaturas: Mujer Maravilla o Scooby Doo. Aunque extravagantes, las impresoras, cuyo costo unitario es de USD 5 000 dólares, están ahí para cambiar drásticamente la venta al menudeo, en forma masiva, al hacer que sea barato mandar a hacer el calzado.

Por: Constance Gustke

“Somos los tecnólogos que llegan a ayudar”, comentó Lucy Beard, la directora ejecutiva de Feetz, que lleva dos años funcionando en San Diego. «Vi las impresoras 3D en una revista y pensé: ‘pedidos a medida en masa’».

Se puede reajustar cada impresora para hacer distintos tamaños y se lleva 12 horas hacer un par. La compañía solo tiene 15 empleados y hace poco que empezó a hacer sus zapatos.

Sin embargo, Beard, de 38 años, quien era actuaria, imagina el día en el que los zapatos se impriman en una hora. Dado que hay que pagar poco trabajo y bajos costos de envío, y no se tiene ningún inventario rezagado, la ganancia de Feetz es de 50 % en cada par, añadió.

El pedido se hace por internet, donde los clientes pueden descargar una aplicación, tomar fotografías de sus pies con el teléfono inteligente y crear un modelo en tercera dimensión. Los zapatos, que cuestan USD 199, se hacen de materiales reciclados y se acolchonan abundantemente para mayor comodidad.

Con el surgimiento de nuevas tecnologías, como los teléfonos inteligentes y las impresoras 3D, empresas emergentes de modas, como Feetz, están cambiando las formas en las que se ordenan, se hacen y se venden las mercancías.

Como Beard, varios fundadores de estas compañías no tienen estos antecedentes en la moda. Más bien, consideran que la tecnología es la respuesta a los bienes que no están en los exhibidores y se producen en masa, a los que les rehúyen cada vez más los milénicos. Los consumidores con tallas difíciles de encontrar –como pequeños o grandes y altos– encontrar que es más fácil hacer las compras.

Carly Nakayama comprueba el proceso de impresión en 3D en las oficinas de Feetz en San Diego, California. / Foto: Tara Pixley – The New York Times.

Tradicionalmente, la manufactura es la parte más cara de la cadena de suministro al menudeo. La creación de bienes en lotes reducidos es difícil y costosa. La mayoría se fabrica fuera de Estados Unidos, y el envío añade tiempo y costo al proceso. Así es que hasta la “moda rápida” puede llevarse cerca de seis semanas para llegar a los estantes.

La belleza de la moda instantánea, a la medida, dicen los expertos, es que los productos se pueden hacer a costo menor y con mayor rapidez, y en un estilo personalizado.

Si bien la alteración es una idea candente en el mundo de la tecnología, no todos están convencidos de que este tipo de innovación vaya a revolucionar a la moda. James Dion, un consultor en comercio al menudeo en Chicago, dijo que él percibe que la moda a pedido es “una moda pasajera”, con un atractivo limitado.

Y el sector ya tuvo uno de sus primeros fracasos: Tinker Tailor, que hacía ropa para dama de lujo, a pedido, cerró el año pasado porque se agotó el fondeo.

En el futuro, entraremos a salas de exhibición, seleccionaremos lo que queremos y luego lo pediremos en línea o imprimiremos nosotros mismo el producto

Todavía son los primeros días de las impresoras 3D, dijo Uli Becker, quien fuera director ejecutivo de Reebok y es inversionista en Feetz. Los ofrecimientos no son muy diversificados y se limitan a bienes básicos. Y todavía no es posible imprimir tela.

Sin embargo, él ve gran potencial en la impresión en tercera dimensión.

“Puedes empezar a producir en Estados Unidos para Estados Unidos”, dijo. “Las instalaciones para la producción pueden estar en el mismo sitio en le que vendes tus productos, lo cual crea empleos”.

Asimismo, la tecnología mejora cada mes, añadió Becker.

“Esto es el equivalente al teléfono celular de los 1980, en un portafolio que te pone un ladrillo en la oreja”, dijo. “En el futuro, entraremos a salas de exhibición, seleccionaremos lo que queremos y luego lo pediremos en línea o imprimiremos nosotros mismo el producto”, notó.

Los fabricantes de zapatos a pedido, como Feetz, también harán que sea obsoleto probarse el calzado en la zapatería, dicen expertos.

“En 10 años, físicamente, no te probarás un par de zapatos”, dijo Beard.

La promesa está haciendo que Silicon Valley tome nota.

“Hemos estado buscando compañías que utilicen tecnología avanzada”, comentó Vijit Sabnis, un socio de riesgo en Khosla Ventures e inversionista en Feetz. “Y los obsesos y nerds la están desarrollando. Feetz, por ejemplo, puede cambiar nuestra experiencia en la compra de productos”.

Los fabricantes de zapatos a pedido, podrían hacer que el probarse los zapatos en la tienda sea obsoleto. Foto: / Tara Pixley – The New York Times.

Al final, serán robots e impresoras 3D los que hagan los bienes para la venta al menudeo, dijo. Y se harán en lugares pequeños, en lugar de en grandes plantas.

“Todos nos deshacemos de los costos de envío y replanteamos la cadena de suministros”, dijo. “Es realmente genial”.

Khosla Ventures también ha invertido en empresas emergentes de modas que usan tecnología distinta a la impresora 3 D. Una es Shoes of Prey, un sitio web que permite que los compradores elijan los colores y estilos del calzado para dama, en la mayoría de los casos, por menos de 200 dólares. Otra inversión es MTailor que hace camisas y trajes para caballero a la medida, las cuales toma con un teléfono inteligente. El precio de las camisas empieza en 69 dólares.

Hasta la humilde camiseta se está reinventando. Teespring, fundada en 2011, envió más de 20 millones de camisetas hechas a la medida el año pasado. Permite que cualquiera las diseñe con mensajes relacionados a temas como el café, el yoga y el futbol americano, y luego se las vendan a sus clientes.

“Somos una compañía de tecnología que crea camisetas”, comentó Walker Williams, de 27 años, el director ejecutivo de Teespring, que inició la compañía con Evan Stites-Clayton, un amigo de la Universidad Brown. “El futuro de la moda está en las marcas más pequeñas que tienen relaciones con los clientes”.

Al final, planean ofrecer otra ropa hecha a la medida. Los capitalistas de riesgo, incluidos a Andreessen Horowitz, Khosla Ventures y Y Combinator, los han apoyado para recaudar 56 millones de dólares.

Teespring armó sus propios sistemas de manufactura en una fábrica en el norte de Kentucky que otrora hacía helicópteros. De sus 400 empleados, 40 están en el equipo de ingeniería, construyendo tecnología patentada para la rápida impresión de lotes pequeños de camisetas. Los márgenes de ganancias son reducidos, reconoce Williams, pero están aumentando.

“Cualquiera puede aportar una idea creativa a la vida sin tener que ser un experto en comercio al menudeo”, dijo Lars Dalgaard, el socio general en Andreessen Horowitz. Así es que los consumidores ahora pueden expresarse en una forma “que nunca antes había sido posible”, añadió.

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