Intentar que cambie la suerte de una compañía tecnológica que se está tambaleando casi siempre es una tarea fútil; solo pregúntele a Marissa Mayer, de Yahoo, o a quien sea que actualmente esté a cargo de BlackBerry.

Por: Farhad Manjoo

Pero el reto se vuelve aún más intimidante si la compañía es aquejada por algo más profundo que la simple implosión de su negocio. Si la empresa que está formando ha sido aquejada por cuestionamientos a su ética y cultura, y si en algún nivel fundamental abandonó su integridad, bueno, buena suerte en sus intentos por hacer que la cosa despegue.

Esa es la situación que enfrentó David Sacks en febrero cuando fue ascendido a la dirección ejecutiva de Zenefits, un emprendimiento de software alguna vez admirado y considerado «unicornio» que perdió el camino espectacularmente. Entre otros problemas, Zenefits (que produce software de recursos humanos para empresas chicas) dijo haber descubierto que Parker Conrad, uno de sus fundadores y ex CEO, creó un programa para permitir que representantes de ventas esquivaran los requisitos de un curso para concesión de licencias para seguros estatales. Las operaciones de Zenefits están fuertemente reguladas, por lo que el software para hacer trampa podría haber sido un evento fatal para la compañía.

Desde entonces, Sacks ha lanzado una serie de reformas que esencialmente han vuelto a hacer a Zenefits. Durante las últimas semanas, vallas publicitarias por todo Silicon Valley han planteado una pregunta críptica: «¿Qué es Z2?» La respuesta, es un rediseño del software de Zenefits y el lanzamiento de varias funciones nuevas que según Sacks colectivamente indicarán el renacimiento de su imagen corporativa.

Lo que a menudo queda fuera de la historia soñada de las empresas emergentes es cualquier mención a que hay otro camino.

«Va a ser el mes en que cerremos el capítulo de todas esas cosas; en que lo superemos y lancemos el futuro de la compañía», dijo Sacks.

No obstante, los esfuerzos de Sacks para resucitar a Zenefits subrayan la dificultad de conjurar segundas oportunidades en el mundo tecnológico. Según todos los indicios, el nuevo director ejecutivo ha montado un plan agresivo nada convencional para abordar los problemas de Zenefits. Pero ni siquiera hacer todo bien pudiera bastar.

En los meses que Zenefits ha estado rearmándose, una avalancha de competidores ha puesto la mira en su negocio. Uno de ellos, una empresa nueva bien financiada que se llama Gusto, ha puesto la ética y la cultura en el centro de su atractivo, y ha estado recogiendo clientes descontentos de Zenefits.

«Tomando una cita de otro contexto, ‘cuando alguien cae, nosotros subimos’», me dijo Joshua Reeves, uno de los fundadores de Gusto y actual director ejecutivo. «Tiene que ver con la confianza. Y cuando alguien pone en peligro esa confianza, es difícil recuperarla», señaló.–

Empleados de MailChimp, una compañía que en los últimos 16 años a anticipado las necesidades de los clientes haciendo todo sin capital de riesgo. / Foto: Dustin Chambers – The New York Times.

Ahora ambas compañías están compitiendo por liderar un mercado multimillonario. En una entrevista reciente que duró varias horas, Sacks explicó a detalle todo lo que ha hecho para arreglar los problemas de Zenefits, y sostuvo que la compañía todavía tiene una posición competitiva ventajosa en la que podría ser la próxima gran bonanza de software. Sonó convincente, pero Reeves hace eco de muchos de sus puntos.

El negocio de Gusto y Zenefits pudiera sonar aburrido: ambos intentan convertirse el tablero de mando principal de recursos humanos de las empresas chicas, de las compañías que contratan desde pocos hasta cientos de trabajadores. Durante años, las compañías chicas han sido descuidadas por los proveedores tradicionales de software por una simple razón: no tienen mucho dinero para gastar en software.

Internet ha alterado ese cálculo. Zenefits y Gusto, que cobran suscripción por algunos de sus servicios, se están basando en la vasta escala y eficiencias técnicas posibilitadas por la nube en Internet para hacer factible el servicio a compañías diminutas. Su éxito podría alterar la forma en que millones de empresas estadounidenses administran, pagan y otorgan beneficios a decenas de millones de empleados.

Ambas están encontrando clientes. Gusto, fundada en 2011 como ZenPayroll, ha atraído a 40,000 clientes de paga. En una ronda de financiamiento del año pasado, los inversionistas valuaron a la compañía en USD 1 000 millones. Zenefits empezó un par de años después, pero creció más rápido y alguna vez se la consideró la compañía de software de mayor crecimiento de todos los tiempos. En 2015, dos años después de haber sido fundada, los inversionistas valuaron a Zenefits en USD 4 000 millones, y tenía la ambición de llegar a los USD 100 millones en ventas anuales recurrentes.

Pero la carreta estaba perdiendo las ruedas. Bajo la dirección de Conrad, a Zenefits la consumió una insaciable manía de crecer a cualquier costo. Hace un año, BuzzFeed informó que Zenefits había permitido que agentes no matriculados vendieran seguros médicos a clientes. El artículo inició una investigación interna que llevó al descubrimiento de un software para hacer trampa.

«La estrategia para el cambio de esta compañía ha sido rechazar el ‘control de daños’», me dijo Sacks. «Hacer lo correcto ha sido la estrategia para el manejo de la crisis», afirmó (otras compañías tecnologías que enfrentan una crisis, como Samsung, quizás deban tomar nota).

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