Estoy detenido en un trecho de grava un lunes en la mañana, y me siento frustrado. El auto Uber que se maneja solo no quiere arrancar.

Por: Mike Isaac

El ingeniero que va sentado a mi lado en el asiento del pasajero, empleado de Uber que me preguntó que si quería sentarme al volante; interviene para recomendarme que apague el coche y vuelva a encenderlo, como se reinician las computadoras.

En este caso, la “computadora” es un sedán híbrido Ford Fusion, cuyo nombre en clave es Boro 6, elemento químico que suele encontrarse en imanes, detergentes para ropa y reactores nucleares. Uber lo dotó de más de 20 cámaras, siete lásers, un sistema de detección giratorio a 360 grados basado en láser, y 1,400 partes secundarias que interpretan millones de bits de datos sobre el ambiente en tiempo real mientras voy viajando. Si el carro funcionara como se anuncia, llegará el día en que nadie vuelva a sentarse al volante de un auto.

Pero por ahora, unos cuantos kilómetros cuadrados en el centro de Pittsburgh representan los sueños que tiene Uber de un futuro móvil, en el que nos abstendríamos de poseer autos para, en cambio, pedir un viaje seguro sin chofer directamente en nuestro teléfono inteligente.

Recientemente viví en carne propia esas ambiciones de conducción automatizada, viajando en Boro 6 durante una hora en medio del tráfico ligero del centro. El 14 de septiembre, Uber lanzó un programa de prueba de sus autos sin chofer para sus clientes más leales de Pittsburgh, dándoles la oportunidad de llamar un auto autónomo por primera vez. Con esa prueba, un puñado de vehículos de prueba –todos Ford Fusion al principio– vagarán por las calles, cada uno con un ingeniero a bordo que ha sido capacitado para asegurar a los viajeros que el proceso es seguro.

Varias veces tuve que revisar al conductor para ver si era él o la computadora la que estaba conduciendo el auto.

Durante mi viaje, la mayor parte del cual lo pasé en el asiento trasero de Boro 6, el ingeniero demostró su utilidad. En varios momentos, él tuvo que tomar el volante y dar vuelta en intersecciones donde se sabe que los residentes suelen acelerar. Cuando un chofer de camión se echó en reverso para entrar ilegalmente en la calzada, el ingeniero pisó el freno y de inmediato tomó el control del auto.

Mike Isaac, un reportero de The New York Times, toma un coche sin conductor Uber en una prueba de conducción a través de las calles de Pittsburg. / Foto: Jeff Swensen The New York Times.

Mike Isaac, un reportero de The New York Times, toma un coche sin conductor Uber en una prueba de conducción a través de las calles de Pittsburg. / Foto: Jeff Swensen The New York Times.

Si el ingeniero llegara a sentirse inseguro, en cualquier momento podría oprimir un enorme botón rojo que hay en el tablero central –sospechosamente parecido al botón de expulsión que hemos visto en las películas de James Bond– para desactivar el modo de piloto automático. Para volver a activarlo, él solo necesita oprimir un elegante botón de acero que está junto a una placa repujada y grabada en la consola.

Si yo me sintiera inseguro como pasajero, también podría solicitar que el conductor tomara el control del vehículo. O bien, podría oprimir un botón en la pantalla que da al asiento trasero para poner fin al viaje. También estuve al pendiente del ambiente infrarrojo que el auto interpreta en la pantalla, un mundo tridimensional que se actualiza en tiempo real y que me tomó una foto con la cámara incorporada en la consola. Después del viaje, Uber les envía a los pasajeros un GIF animado de la ruta seguida modelada en tercera dimensión, junto con la foto.

Pero durante la mayor parte del viaje me sentí seguro. En modo de piloto automático, las vueltas y las paradas casi no se sentían y varias veces tuve que revisar al conductor para ver si era él o la computadora la que estaba conduciendo al auto.

Desde el punto de vista de la compañía, el auto que se conduce solo funciona de manera más segura que con cualquier chofer humano.

Mi auto Uber sin chofer se detenía bastante atrás de los autos que estaban frente a nosotros en las intersecciones. Se mantuvo exactamente en el límite de velocidad – 40 kilómetros por hora donde anduvimos­– incluso cuando no había tráfico cerca. En un semáforo, el auto esperó a la luz verde para dar vuelta a la derecha. A los choferes que estaban detrás de nosotros no les hizo gracia.

El futuro ha tardado mucho tiempo en llegar. La publicidad de autos que se manejan solos data al menos de mediados del siglo pasado, como imágenes de familias en autos, sentadas en al asiento trasero en torno de un juego de mesa o jugando dominó. Algunas de las personas que participaron en el proyecto de Uber han pasado toda su carrera trabajando en este concepto.

Uber no es el primero que le apuesta en grande a los autos sin chofer, pues Google, Apple, tesla, mercedes-Benz, BMW e Infiniti están ofreciendo o trabajando en funciones autónomas para vehículos. Algunos de esos esfuerzos se han topado con obstáculos. La iniciativa de Apple, el proyecto Titán, ha tenido sus altas y sus bajas.

Por lo demás, todas las compañías se enfrentan a un ambiente regulatorio impreciso en materia de vehículos sin chofer, lo que podría obstaculizar el lanzamiento de esos autos por todo el país.

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