Sus oficinas hablan por sí solas del trabajo que realiza. No se pudo resisitir a llevarnos por cada rincón de la misma, y presumir —en el buen sentido de la palabra—, del excelente trabajo de Studio Dommus, del cual es fundador.

Se describe a sí mismo como un «vendedor», así, no un ejecutivo de cuentas, ni un sales manager, si no un «vendedor» a secas.

Cuando le pregunté cual era la característica más importante para lograr el éxito, sin dudarlo mencionó la palabra: pasión, pero casi sin terminar de pronunciarla agregó —nadie que tenga miedo a hablarle a la gente, a venderse a sí mismo, logrará el éxito—.

Cuenta con un equipo de más de 30 personas, y él mismo siendo el jefe y con 15 años de haber iniciado con este emprendimiento, confiesa sentirse hoy tan emocionado como el primer día.

¿Cómo fue tu inicio como emprendedor? 

Empecé a trabajar desde los 18 años mientras cursaba la carrera de arquitectura. Durante mi carrera, varios arquitectos me dijeron que debía enfocarme solamente en mis estudios, pero para mí era importante saber cómo se lograba convencer a un cliente de algo. Noté que había gente muy hábil en diseño, pero no sabía venderse ni comunicarse, lo cual no les permitía que les fuese del todo bien.

En mi primer trabajo debía diseñar y vender cocinas; no era de mi agrado, pero en menos de un mes logré vender una de las cocinas más caras que se había vendido en esa empresa. En ese momento me di cuenta que tenía un talento comercial, además de que muchos me decían que tenía gran habilidad de convencimiento.

Posteriormente tuve un negocio propio —un supermercado a domicilio—, pero me di cuenta que esa no era mi pasión. Entendí que tenía que dedicarme a algo que me gustara, porque aunque fuera una buena idea no me iría bien; comprendí que la pasión y el dinero no siempre van juntas. Arquitectura era a lo que quería dedicarme y para lo cual me estaba preparando.

Me gradué a los 25 años, en ese momento ya trabajaba para una empresa de muebles de oficina, me habían ascendido como gerente, una ventaja muy grande si tomamos en cuenta que mis demás compañeros apenas iniciarían a trabajar. En ese entonces yo generaba el 95% de las ventas de esa empresa, sin embargo, después de dos años los socios de la compañía me despidieron debido a que querían realizar algunos cambios con los impuestos, en los que yo como representante legal no estaba de acuerdo.

Al quedarme sin trabajo empecé a contactar a algunos clientes que tenía en el área de arquitectura, a los dos meses logré tener un cliente, Li & Fung, que fue el que dio vida a Studio Domus.

¿Cuál fue tu primer proyecto como emprendedor? 

En un proyecto que realicé durante mi maestría me di cuenta que no había oficinas pequeñas. Empecé a explorar esa idea, y el resultado de dicha investigación fue comercializar renta de espacios de oficinas pequeñas —lo que ahora se conoce como oficinas virtuales—, me di cuenta que ya existía ese concepto. Contacté en Inglaterra a Regus, que era la empresa que mejor dominaba ese tema en ese momento. Les comenté que había espacios de oficinas en los que se podía desarrollar la idea, por lo que me permitieron adquirir la franquicia por USD 50 000. Aunque no tenía esa cantidad, envié de vuelta el acuerdo firmado que ellos me habían mandado, a partir de allí, tenía un mes para conseguir esa cantidad de dinero. Empecé la negociación de las oficinas sin tener absolutamente nada.

Mauricio Barillas dirige su empresa Studio Dommus, con la cual genera más de 40 plazas fijas. / Fotografía: Revista Win – Alex Cruz

Me comuniqué de inmediato con unos inversionistas, para los que habia trabajado anteriormente, cuando les comparto la idea me dicen que justamente estaban buscando dónde invertir. Así que, fueron ellos los financistas del proyecto, y fue entonces que instalamos un Regus en Guatemala como una franquicia inglesa.

A los pocos años, los ingleses nos ofrecieron comprar nuestras acciones; logramos vender con muy buena utilidad nuestra franquicia. Fue una idea que nació gracias a un trabajo universitario en el que al final logré quedarme con USD 56 000.

¿Cómo fue el inicio de Studio Domus? 

Mi pasión siempre fue la arquitectura, a pesar de tener Regus no dejé a un lado a Studio Domus. Al vender la franquicia decidí dedicarme por completo a Studio Domus, habíamos conseguido ya algunos proyectos. Uno de los clientes a los que les habíamos trabajado anteriormente iba a invertir en una torre de apartamentos en zona 14; me acerqué a él para saber si podía participar. Me dijo que intentara pero que dudaba mucho que pudiese lograrlo porque competirían varios arquitectos de renombre en Guatemala. Me gustan los retos, así que trabajé en todo el anteproyecto, solicité una cita para presentarlo en Miami; el presidente de la organización aceptó mi cita, le presenté todo el proyecto y lo aceptaron. Eso me abrió la puerta para trabajar en más proyectos.

¿Qué retos has enfrentado durante el crecimiento de  tu emprendimiento? 

Ser muy joven, no contar con un extenso portafolio y carecer de la experiencia, nos represento una brecha enorme, que en lo personal tuvimos que vencer con mucho esfuerzo. Yo no perdía ni una sola oportunidad en tener contacto con los clientes, busqué la manera de darme a conocer para que los inversores se dieran cuenta que sí estábamos avanzando. La falta de experiencia debe compensarse con mucho esfuerzo.

Al primer edificio le invertimos 9600 horas de diseño, actualmente logramos diseñar un proyecto con 2500 horas; el capacitarnos, asesorarnos e investigar constantemente, nos ayudó a ser mejores.

Con 15 años de Studio Domus y más de 20 años de trabajo me he dado cuenta que lo más importante es seguir la pasión, eso es vital, sin la pasión no hay nada. El dinero es consecuencia de ello y el espíritu emprendedor debe estar plasmado para que funcione. Muy pocos tienen un verdadero espíritu emprendedor porque carecen de liderazgo; un líder logra que las personas le sigan, ya sea por admiración, lo cual tarda mucho porque hay que ganarse a la gente con el respeto, demostrando que lo que se hace es real y que no se ha obtenido por «suerte»; también por imposición, pero esto es peor porque es la manera más frágil y en cualquier momento se pierde. Una persona que carece de liderazgo y de pasión no puede ser emprendedor.

¿Cuál ha sido el crecimiento de Studio Domus durante estos 15 años? 

A pesar del empeño como emprendedor, el fracaso siempre está a la vuelta de la esquina. Hace tres o cuatro años aproximadamente, contábamos con USD 90 000 de utilidad y decidimos abrir la empresa en Costa Rica porque se veía que podía ser algo prometedor, pero después de nueve meses no vendimos nada, ni siquiera un tornillo, literalmente tiramos USD  90 000.

En ese entonces entendimos que el problema fue que nuestro principal objetivo era generar más dinero; no lo hicimos como un emprendedor lo hace usualmente, es decir, tocar puertas y buscar clientes; cuando ya se tiene un panorama prometedor, entonces se invierte. Cerramos operaciones, pero seguía con el deseo de trabajar para más países. Seguimos trabajando y los frutos se empezaron a dar, nos contrataron en Nicaragua, en donde la inversión solamente era el pasaje y el hotel. Empezaron a contactarnos de Honduras, Panamá, El Salvador. En un lapso de dos años logramos tener varios proyectos simultáneos en siete ciudades. Crecimos de tal forma que logramos mantener las operaciones en Guatemala; todos los proyectos que se trabajan aquí representan el 40% de nuestros ingresos, el otro 60% proviene del resto de países.

Pasamos de ser una oficina de diseño de interior corporativo y construcción de oficinas, a una de las empresas más importantes en el tema de diseño de edificios; hoy por hoy vivimos 100% del servicio. Centralizamos todo el diseño en Guatemala para el resto de países.

La razón de muchos fracasos, es que a los emprendedores no nos enseñan a ser empresarios; cuando un emprendedor empieza a tener éxito la gente quiere parte de tu éxito porque perciben que estás generando dinero, buscarán la forma de hacerte caer, para ello lo más  importante es blindarse; nosotros contamos con cuatro bufetes de abogados en distintas especializaciones y dos empresas de auditoría. Somos la única firma de arquitectura que cuenta con el 100% de licencias de software originales y cada año las compramos, son más de USD 80 000 de inversión anuales.

¿Qué pasa cuando un emprendedor sigue su pasión, pero no logra ver grandes resultados? 

Son tres las razones por las cuales un negocio nuevo quiebra. Primero, es el alto salario en la gerencia; es típico que cuando les empieza a ir mejor cambien de carro, se vayan de viaje a otros países, compran cosas personales con el dinero de la empresa…, ese es el mayor de los errores. El segundo error es cuando uno de los socios se enferma, gastan todo el dinero para curarse sin poseer algún seguro. Y el tercero, es el cashflow; no significa que la empresa no tenga ventas, significa que necesitaba capital de trabajo y eso es lo más complicado de administrar, porque puede que haya muchas ventas y de repente el mes siguiente no hay nada, generando cashflow, que nada tiene que ver con las utilidades finales, porque al final las utilidades pueden generarse, pero debe haber cobros o el capital de trabajo que aún tenemos por cobrar.

Si fracasamos una vez en un negocio no significa que tenemos que cambiarlo por otro, porque cuando hacemos algo y lo repetimos nos va mejor, a eso los atletas le llaman entrenamiento, pero nos han educado para cambiar de negocio si fracasamos. Hay que seguir con la pasión, aunque haya fracasado una vez hay que seguir, pero hay que dejar atrás el pensamiento de que la pasión les traerá dinero rápido porque no será así. La pasión es lo que define a las personas que tendrán éxito de las que no lo tendrán.

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