Joaquín es economista de profesión, carrera que decidió seguir por una percepción errada, ya que creyó que el mundo bancario sería como lo pintan las películas de Hollywood, sin embargo no era nada como él imaginó, así que duró tan solo 4 meses como empleado bancario. A los 23 años ingresa a una plaza como trainee en Campero, y descubre un mundo que lo enamora por completo, el de la comida.

Luego de seis años en la compañía decide renunciar y realiza un viaje a España para estudiar una maestría en relación a la cocina. Allí empieza a concebir la idea de su proyecto personal. Al regresar a Guatemala comienza la aventura junto a su esposa y emprenden su primer proyecto: Santo Pan.

¿Cómo descubriste después de estar en el mundo corporativo que emprender un negocio de comida era lo tuyo?

Creo que aunque uno tenga un sueño o una pasión desde pequeño, hay una etapa en la vida de muchos, que andamos probando para ver que nos gusta más; ese fue mi caso en el banco, hasta que no tuve mi cubículo en una empresa bancaria no pude descubrir cómo era realmente ese mundo. Siendo yo alguien muy inquieto me di cuenta rápidamente que eso no era lo mío, así fue como fui a parar a Campero, a pesar de tener una plaza super estable, buscaba algo más. En la compañía descubrí mi pasión por este tipo de negocios al ver cómo agregaba valor a las personas. Yo tenía a mi cargo la supervisión del restaurante No. 127, el cual está ubicado en la zona 1. Un día de fin de semana me encontraba parado en la entrada cuando veo entrar a una novia vestida de blanco con su familia, se sentaron y ordenaron. Esa era la recepción de la boda; algo sencillo pero a mí me hacía cómplice de su felicidad y me esmeraba por hacer que para ellos fuera un momento especial. Claro que a la hora de emprender no fue para nada lo mismo; mientras que en la empresa contábamos con analíticos, abogados y demás, en mi proyecto a mí me tocaba hacer de todo, desde abrir la caja, tomar un pedido y hacerla de mesero. Son dos mundos totalmente diferentes.

¿Cómo fue el inicio de tus restaurantes?

Al llegar a Guatemala me reuní con los desarrolladores de varias plazas comerciales, y presentaba mi business plan,  sin embargo, a pesar de que todos me decían que era el mejor plan de negocios de un restaurantero, nadie me ofreció la oportunidad de adquirir un local. Hasta que escuché hablar de 4 grados Norte, me iba a los cafés de allí a trabajar, aparentemente porque un restaurantero si no tiene un local no tiene nada. Al poco tiempo me ofrecieron un local súper pequeño, pero que contaba con un tráfico atractivo de personas que laboran por el sector.

En esos meses, a mi esposa y a mí nos había dado por hacer sándwiches para cenar, hacíamos experimentos cada noche con los panes, hasta que fuimos perfeccionando la técnica de preparar los sándwiches. A raíz de eso decidimos poner un local al cual llamamos “Santo Pan”.  Creo que la experiencia que adquirí en la corporación Campero me ayudó a entender muchas cosas de la industria. Pero al verme solo ya embarcado en el proyecto, las cosas cambiaron, tuvimos que estirar cada quetzal, me involucré en todos los detalles, desde la creación del logo hasta el desarrollo del menú, pasando por lo engorroso que es un trámite municipal, y allí me di cuenta que emprender es completamente otro mundo.

¿Cuáles son tus 3 claves que te han llevado al éxito?

Suena muy crudo pero lo más probable es que no todos nacimos con el cerebro de Mark Zuckerberg ni de Elon Musk; y peor aún si estamos sentados en una silla esperando que Dios nos ilumine y nos dé la siguiente gran idea millonaria, estamos fregados. Algo aún más crudo, si a alguno de nosotros nos hubiera tocado el privilegio de tener esa idea millonaria la hubiéramos tenido a los 20 años, claro que siempre hay excepciones y hay gente que a una edad adulta logra grandes cosas. No digo esto para desanimar, sino al contrario. Creo que hay mucha gente de 25 años sentada buscando una idea de negocios para emprender, y no debe ser así. Enfócate en algo que te apasione, aprende cómo hacerlo dedicándole un par de años, y después lánzate al agua.

Esta es quizá la frase más cliché que aparece en todos lados, en películas y en libros, pero es sumamente importante: Just do it. Todas las ideas que aplicamos en Santo Pan se nos ocurrieron sobre la marcha, es decir cuando ya nos habíamos lanzado, muy probablemente nada de lo que hemos creado hubiera sido un hecho hasta que no nos lanzáramos, porque el cerebro se sumerge más profundamente en algo que ya está sucediendo. Al ver Santo Pan y Tres Elefantes ya montados y funcionando, pienso que nunca los hubiera visto así en mi mente, sino es por el proceso de haberlos armado y de lanzarnos al agua.

Pasión, aunque es muy raro ver a un emprendedor que no esté apasionado por su idea, en lo personal creo que si alguien no se apasiona por su idea, no debería llamarse emprendedor.

¿Cómo analizas el mercado en Guatemala para los restaurantes?

Nuestro país tiene barreras muy fuertes para los nuevos negocios en la industria de la comida. Puedes montar un restaurante de USD 500 000, como costaría un freestanding de Campero, o un changarrito como Santo Pan, que al final ambos llenan el estómago del cliente, y todos diluyen el mercado, eso hace que el riesgo en esto sea mayor. Algo que también afecta especialmente a los negocios de comida, es que Guatemala crece bastante pero de manera horizontal, eso crea muchos espacios comerciales pero con poca demanda. Un ejemplo muy claro de esto es Nueva York, que tienen restaurantes con listas de espera de hasta dos años, ya que cuentan con una demanda inmensa, cientos de miles de personas que con solo tocar un botón del elevador ya están en el restaurante.

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