La gente que recauda dinero en lugar de autofondearse tiende a gastar alocadamente, y lanza un montón de cosas contra la pared para ver qué se pega.

El mundo de los negocios está lleno de emprendedores soñadores que esperan que las bendiciones de los inversionistas ángeles y de los capitalistas de riesgo transformen sus sueños de empresas emergentes en compañías con valuaciones de miles de millones de dólares.

Por: Janet Morrissey

Sin embargo, algunas empresas emergentes exitosas han estado yendo a contra corriente, creciendo y expandiéndose sin tomar un centavo de los grandes inversionistas de capital.

Ron Rudzin, un emprendedor de Queens, con una larga historia en el negocio de los muebles, tomó USD350,000 de su propio dinero para financiar el plan de negocios para formar Saatva, su compañía de colchones en línea, en el 2007.

“La gente que recauda dinero en lugar de autofondearse tiende a gastar alocadamente porque es el dinero de otras personas, y lanzan un montón de cosas contra la pared para ver qué se pega. Yo no hago así las cosas”, comentó Rudzin. “Yo soy mucho más meticuloso y eficiente. Puedo ir un poco más lento, pero, al final, yo creo que gano”.

A los 16 años, aceptó un empleo en Jennifer Furniture, una compañía joven que después se convirtió en una cadena nacional que vendía sofás convertibles y otros muebles. Pasó más de 20 años abriéndose paso de ser representante de ventas a gerente de tienda y a vicepresidente de ventas nacionales. Tuvo intereses de capital en cuatro de sus tiendas cuando la compañía se expandió a ser una cadena nacional.

Cuando salió de Jennifer Furniture, invirtió en diversas empresas, pero siempre tenía el ojo puesto en empezar su propia empresa de comercio electrónico.

“Sentí que el mundo se movía en esa dirección”, comentó.

La visión de Rudzin era vender colchones de fabricación estadounidense, de alta calidad, de resortes, en internet, a una fracción del precio que cobraban los minoristas por las marcas para las tiendas. Añadió el servicio a la ecuación porque los entregaban y colocaban a domicilio. Funcionó. De hecho, fueron los primeros en trabajarlo de ese modo.

Son raras las personas que van en contra de las probabilidades “empujando” sus propias empresas, dicen los expertos.

Saatva, que quiere decir verdad en sánscrito, rindió ganancias después de los primeros tres meses en el negocio, en el 2010.

La compañía dijo que las ventas, que sumaron dos millones de dólares en su primer año completo en el 2011, aumentaron a USD 76 millones en el 2015. Rudzin está proyectando ventas por 180 millones de dólares este año y por lo menos de USD 275 millones en el 2018.

Son raras las personas que van en contra de las probabilidades “empujando” sus propias empresas, dicen los expertos.

“Es una gran anomalía”, dijo Mark Walsh, el jefe de innovación e inversión en la Administración de Pequeños Negocios de Estados Unidos. Estimó que algo así como una de cada 50 compañías tradicionales podría generar negocios para construir empresas de USD 50 millones o USD 100 millones por su propia cuenta.

Sin embargo, aceptar capital de riesgo puede ser peligroso. En su premura por conseguir financiamiento, es frecuente que los fundadores de empresas emergentes no lean la letra chiquita y después descubran que han autorizado la entrega de enormes proporciones de las ganancias. En algunos casos, es posible que los consejos de administración quiten a los fundadores de su propia compañía para cuando las actividades están creciendo rápidamente o cuando planean empezar a cotizar en bolsa. Por estas razones, algunos fundadores optan por tomar capital deuda de bancos e inversionistas, en lugar de regalar acciones ordinarias.

Un trabajador utiliza una máquina de coser en una fábrica de colchones Saatva. / Foto: The New York Times.

Un trabajador utiliza una máquina de coser en una fábrica de colchones Saatva. / Foto: The New York Times.

Spokeo, un motor de búsqueda de personas en línea, ha podido generar decenas de millones en ventas sin respaldo de capital de riesgo.

“No lo necesitamos”, comentó Harrison Tang, un fundador de Spokeo. Sin embargo, Tang, de 34 años, no siempre opinó así. Cuando creó Spokeo con tres amigos de la Universidad de Stanford en el 2006, trató de conseguir financiación de capital, pero lo rechazaron más de seis inversionistas ángel y de capital riesgo. Hasta su padre, él mismo un emprendedor, le dijo a su hijo que nunca esperó que le devolviera el dinero que le había prestado.

Al principio, Spokeo era un programa gratuito que agregaba información sobre personas, de sitios de redes sociales, como Facebook y Friendster.

Cuando los fundadores se quedaron sin dinero en el 2008, renovaron el sitio convirtiéndolo en un programa de búsqueda de personas que reúne datos con base en nombres, números telefónicos y direcciones de correo electrónico, y empezaron a cobrar una cuota por suscripción. La compañía dijo que sus ingresos aumentaron a UDS 78.5 millones en el 2015, en comparación con USD 11 millones en el 2011. Tang espera ingresos que fácilmente excederán los USD 100 millones para el 2018.

Tang dijo que está orgulloso de que los cuatro fundadores sigan en la empresa, lo cual podría no haber sido el caso de haberse involucrado inversionistas en capital accionario.

 

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