En ocasiones nos enfrentamos a un enemigo mayor a todos; es ese enemigo interno que nos confronta con pensamientos y dudas, no es fácil de vencer ni de ignorar, pues está en nuestros pensamientos y manipula nuestras emociones, nos hace claudicar ante las dificultades y pone en primer lugar la desesperanza y el desánimo, es tan difícil derrotarlo, pues está presente al acostarnos y al levantarnos, nos perturba y hace perder la inspiración.

Por: @AlexisCanahui

En alguna parte leí que hay tres tipos de personas: las que hacen que las cosas pasen, las que ven que las cosas pasan y las que no saben qué pasó. Para ser como el primer tipo de personas debemos vencer todo pensamiento negativo, estar inspirados, motivados y desafiados pero, ¿cómo logramos esto?

Hay una motivación mayor en aquellas personas que pueden levantase del polvo y trascender. Hay una fuerza más grande en aquellos que creen en sus sueños y en la posibilidad de alcanzarlos. Hay un espíritu mayor en los que luchan todos los días por doblegar su voluntad a la voluntad de Dios y dejar que Él tome el control.

La diferencia entre un profesional y un amateur no son las horas de entrenamiento ni las largas jornadas de aprendizaje, tampoco lo son los genes o ADN, mucho menos el buen apellido; la gran diferencia entre estos dos grupos es el sometimiento a un entrenador, el rendir cuentas a un tercero, el seguir una rutina impuesta y disciplinarse para cumplir órdenes; en otras palabras, la diferencia entre estos dos tipos de personas es: que uno no se somete a nadie y el otro tiene un coach que lo inspira.

Cuando se trata de alcanzar una meta, cuando tienes un fin en mente y quieres llegar lejos, debes aprender a estar inspirado. Las historias nos inspiran, también nos inspira una buena película o un buen mensaje, pero cada vez hay retos más grandes y difíciles de lograr; lo que te hizo llegar donde te encuentras ahora no es lo que te llevará al siguiente nivel. Tenemos que aprender a automotivarnos, un buen ejercicio para esto es hacer una lista de situaciones positivas por las que hayas pasado o cosas que poseas y, simplemente agradece. Ser agradecidos nos mantiene inspirados.

El secreto de estar inspirado es saber adaptarse a los cambios, aceptar los fracasos, caerse y levantarse, desarrollar habilidades de resiliencia, ser duros y flexibles a la vez. Cuando le preguntaron a Ana Frank qué la motivaba contestó: “Yo sé lo que quiero. Tengo un objetivo, una opinión, tengo una religión y amor. Déjame ser yo misma. Con eso me basta y me sobra”.

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