Desde que Airbnb entró en la escena del hospedaje en el 2008, el sector hotelero ha lanzado un ojo avizor con el que ha notado la popularidad que tiene entre los jóvenes viajeros. A pesar de un año fuerte para los hoteles —la ocupación y las tarifas rompieron récords en el 2015, según datos de la firma STR— es posible que la ansiedad se esté colando a esas suites corporativas.

Por: Elaine Glusac

Recién es que Airbnb, la red para compartir casas más grande, con más de dos millones de anuncios clasificados en todo el mundo, se está dirigiendo a los viajeros de negocios, la clientela más asidua de los hoteles.

Phocuswright, un despacho de investigación en viajes, notó que uno de cada tres viajeros por placer en el 2015 utilizó alojamiento privado, en comparación con uno de cada 10 en el 2011, y que 31 % de los viajeros que usaron Airbnb en los dos últimos años, lo hizo por trabajo.

“Se trata de un acontecimiento más desafiante en la historia del sector del hospedaje que casi cualquier otro”, notó Bjorn Hanson, un profesor clínico en el Centro Preston Robert Tisch para la Administración de la Hospitalidad, el Turismo y los Deportes en la Universidad de Nueva York.

El cómo —y el hasta si acaso sucede— están respondiendo los hoteles a la competición es una cuestión a debate. Solo AccorHotels, la empresa hotelera francesa, cuyas marcas incluyen a Sofitel y Raffles, ha invertido directamente en la economía compartida, al adquirir Onefinestay, un servicio para compartir casas con sede en Londres, que se concentra en el mercado de lujo.

“Están sucediendo cosas en las empresas de hospedaje tradicionales que se están acelerando en relación con Airbnb, y que son menos uniformes”, notó Hanson. “Hace 10 años, en un hotel en Honolulu y uno en Nueva York, los cuadros y el decorado podrían ser idénticos. Hemos visto marcas en las que los huéspedes reconocen que quieren una experiencia más genuina y un lugar que refleje más la cultura local”.

Los hoteleros dicen que han notado cambios en las preferencias de los consumidores, lo que ha resultado en marcas con orientación social, escenarios más acogedores y aplicaciones más funcionales.

Nuevas marcas: social y local

Las compañías hoteleras expandieron sus carteras añadiendo marcas que están diseñadas para ser atractivas para los viajeros milénicos, y para quienes quieren menos servicio y más conectividad; tanto tecnológica como de espacio compartido.

“La forma en la que a este consumidor le gusta viajar no es la de pasar el tiempo en la habitación para invitados, sino tener acceso a espacios comunitarios”, notó Tina Edmundson, la directora de marcas mundiales en las de lujo y estilo de vida de Marriott International, que acaba de abrir el Moxy New Orleans, su segundo hotel Moxy en Estados Unidos.

Las habitaciones en los Moxy (a partir de 69 dólares) son compactas y no se necesita llave para entrar porque están conectadas a través de una aplicación para teléfono inteligente. El vestíbulo tiene un bar con servicio completo, alimentos ya preparados, juegos y bastantes tomacorrientes para cargar aparatos electrónicos.

Hyatt Centric, la nueva marca de Hyatt Hotels & Resorts, está probando nuevos enfoques a cosas como el servicio a la habitación. En tres establecimientos de prueba, los huéspedes pueden ordenar en los restaurantes del hotel, un menú exprés de sándwiches y ensaladas que se entregan en 20 minutos o por medio del servicio de entregas GrubHub y que agreguen el costo a la cuenta del cuarto.

Los gerentes empoderan a los empleados para que se conecten con los huéspedes sobre una base más informal y que ofrezcan consejos sobre la localidad en forma que no sea diferente a un anfitrión de Airbnb.

Diseño residencial

Si en el siguiente hotel en el que usted se hospede tiene una sensación más hogareña, quizá deba agradecérselo a quienes comparten casas.

Elizabeth Lowrey, una directora de arquitectura de interiores en Elkus Manfredi Architects, trabajó hace poco en los nuevos hoteles Aloft y Verb en Boston. “La gente que elige Airbnb está buscando una experiencia íntima, no manufacturada. Quiere incrustarse en el tejido de la comunidad, donde pueda sentir la singularidad del lugar”, escribió en un correo electrónico.

“Este deseo por la autenticidad está impulsando el diseño de la hospitalidad actual; cada hotel debe contar una historia; debe ser un lugar de contexto, que refleje su barrio y su comunidad”, añadió Lowrey.

Un ejemplo adecuado es el hotel Roost Apartment, una marca para estadías prolongadas que tiene dos establecimientos en Filadelfia con departamentos que tienen cocina, y parecen decorados por el anfitrión más a la moda de Airbnb, con pinturas originales y muebles modernistas. No obstante, los huéspedes tienen servicio de recepción y acceso a un gimnasio.

“Yo creo que la generación más joven no quiere que cuatro personas recojan sus maletas en la acera, y luego le tengan que dar propina a esta persona y a esa”, comentó Randall T. Cook, el director ejecutivo y fundador de Roost. “Prefieren estar en un barrio genial con habitaciones más grandes, mayor espacio, quizá con cocina, que los hace sentir que es así como se vive en San Francisco o en Chicago”.

Enchufado a la localidad

Airbnb proporciona una experiencia en línea absorbente. Seguro, es necesario pasar mucho tiempo buscando las habitaciones adecuadas, pero los mapas y las fotografías del destino ayudan a vender el servicio. En forma parecida, algunos hoteles han reforzado sus propias aplicaciones centradas en conectar a los huéspedes con la ciudad.

Porter & Sail, un desarrollador de aplicaciones con sede en Nueva York, abrió el año pasado y ahora tiene 42 clientes, incluido Soho Beach House en Miami, para el que hizo una guía escrita por periodistas locales, especializados en comida, arte y moda. También funciona como “concierge”, lo que permite al huésped hacer reservas para cenar y llamar a Uber.

“Por lo general, nuestra clientela es de personas que quieren que se las deje en paz y no quieren a un ‘concierge’ que les esté preguntando qué quieren hacer”, comentó Alena Sarduy, gerente de reservaciones en Soho Beach House, donde 79 por ciento de sus huéspedes ha descargado la aplicación.

El ahorro es genial

Si compartir casas ha hecho que el ahorro sea una virtud, ha abierto caminos nuevos para las marcas baratas. “Airbnb ha creado una nueva oportunidad para que algunos de los operadores de posadas de mejor calidad que están a mitad de camino entre Airbnb y un hotel saquen partido de un nuevo estilo de hotel”, notó Hanson de la NYU.

Las Green Rooms en Londres representan un nuevo tipo de posada sin fines de lucro, con habitaciones privadas, departamentos y dormitorios (las tarifas empiezan en 18 libras la noche). Tiene sociedad con organizaciones locales de arte y con teatros para albergar a los artistas visitantes. Nick Hartwright, el fundador, enfatiza las interacciones sociales que pueden presentarse en los bares, galerías y restaurantes, o en las actividades culturales.

“Eso simplemente no puede suceder cuando rentas una habitación en el departamento de alguna persona”, escribió en un correo electrónico. “No importa lo hermosa que pueda ser, te aíslas de inmediato”.

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