Javier Mata inició con YaloChat a principios del 2015, con un capital que obtuvo de un negocio anterior que logró vender; con eso se financió la operación inicial. Al poco tiempo obtuvo una primera inversión. Él tenía 25 años.

YaloChat es una plataforma de AI que ayuda a las empresas más grandes de mercados emergentes a gestionar la relación con el cliente a través de WhatsApp y otros canales de mensajería. Cuenta con oficinas en México, Brasil, Colombia, India, Centroamérica y Chile; y una planilla en aumento de 50 personas.

Ambiciosos, buscan convertirse en el sistema operativo de las Fortune 500 de todos los países de mercados emergentes, algo que ya están logrando, puesto que en su cartera de clientes figuran marcas como Amazon, Walmart, Volkswagen, entre otros; y por supuesto, el gigante de la mensajería instantánea WhatsApp.

Antes de los 5 años de operación, YaloChat llamó la atención de ángeles inversionistas de Latinoamérica y Nueva York y obtuvo una inyección de capital de USD 10 millones; lo que la ha llevado a posicionarse en los mercados más rudos del mundo en cuanto a desarrollo de software.

Conversamos con Javier en sus oficinas en México y pudimos conocer un poco más al emprendedor detrás de todo esto.

¿Cómo te descubriste como emprendedor?

Una de las cosas que siempre ha sido constante en mi vida es desafiar el sistema, y cuestionarme el  por qué de las cosas; eso a lo largo de mi vida se ha manifestado en diferentes formas —como rebeldía al principio—, luego en la creación de cualquier cosa, empezar un movimiento, etc. A raíz de esa “rebeldía” decidí estudiar ingeniería, porque me di cuenta que a través de la tecnología es más fácil crear lo que aún no existe y es el camino más rápido para pasar de una idea a una realidad.

Estando en el segundo año de universidad es cuando comienzo mi primera empresa, la cual era un alquiler de propiedades online, un concepto como el de Airbnb,  pero antes de que este existiera. Algo que debo decir es que en Guatemala uno con una idea ya entra al mercado a competir, por tratarse de un país pequeño, pero en los mercados grandes globales es totalmente distinto. Como emprendedores podemos mantener nuestra identidad de país, pero no limitemos nuestro mercado solo en Guatemala.

Hay una estadística que asegura que solo el 1% de los emprendimientos piensan en mercados fuera de Guatemala, ¿a qué se lo atribuirías?

Es un tema de creencia. Si empezamos a cambiar la manera de pensar y creemos que tenemos la capacidad y herramientas para competir y pelear en cualquier mercado del mundo, las estadísticas cambiarían. Ahora en cualquier parte del mundo se puede obtener conocimiento, ya sea en un rincón en Retalhuleu o en Suiza; solo con tener una computadora ya somos igual de competentes que cualquiera. Eso es lo que nos puede permitir dar ese salto y cambiar esa estadística.

¿Creciste en un entorno rodeado de tecnología?

Siempre me ha gustado la tecnología desde muy pequeño con los video juegos y demás. Curiosamente lo que me llevó a ser ingeniero no fue la compu, sino la física, desde pequeño me sentí atraído por ello. Siempre me sorprendió cómo a través de soluciones elegantes puedes impactar el mundo por medio de la ingeniería.

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¿Cuál es tu opinión acerca de: “un emprendedor nace o se forma”?

Todos nacemos para brillar, todos los que venimos al mundo venimos para eso, en cuanto salimos al mundo como niños, somos curiosos y buscamos respuestas y queremos compartir todo; esas son las características más notables de un emprendedor: curiosidad y querer contribuir. Creo que todos nacemos con potencial para emprender; lamentablemente nuestros entornos son demasiado negativos y esa chispa que traemos se apaga. Cuando escuchás a tus papás, maestros, mentores, etc. diciéndote “no se puede”, terminás creyéndolo, dejás de preguntar y de ejercer tu creatividad, todo eso puede apagar tu espíritu y hacer que te conformes con lo que tenés y no querer cambiarlo.

¿Cómo lograste aprovechar tus oportunidades?

Ya lo decía Maquiavelo: «Podes tener toda la fortuna, pero si no tenés la virtud, no pasará nada». Creo que es la combinación de ambas. Prepararse lo más que se pueda; así, cuando deje de soplar el viento, mientras estás en tu velero, no te vas a quedar sentado, vas a brincar a buscar la manera de cómo mejorar; para cuando vuelva a soplar el viento podás aprovechar al máximo la oportunidad. Siempre preparándose y aprendiendo, para cuando llegue la oportunidad sin una sola gota de miedo al fracaso ir detrás de esas oportunidades con todo.

Así fue como lo hicimos nosotros con YaloChat, lo que queríamos era “hacerle” el día a más de mil millones de personas; eso es lo que vamos a hacer con la tecnología que tenemos y vamos a aprovechar todas las oportunidades que se nos presenten. El primer deal que tuvimos con Aeromexico, se lo prometimos en dos semanas no teniendo nada, sin embargo le metimos todo el músculo y logramos tener la primera versión para el cliente, con eso logramos que esa fuera la primera aerolínea del continente en utilizar AI en la interacción con los clientes; de eso se trata, de ver la oportunidad, tomarla y darle con todo.

WhatsApp se acercó y nos consultó si podíamos hacer un proyecto, pero nos advirtió que tendríamos que movernos rápido. Era un viernes a las 8 de la noche, y nos pedían tener la solución implementada el lunes para considerar la posibilidad de trabajar con nosotros. Era un proceso que a otras compañías les había tomado 6 meses implementar; nos propusimos no dejar pasar esa oportunidad, nos metimos de cabeza al proyecto,  y logramos tener la versión para el cliente en ese tiempo.

¿Qué has aprendido en estos años de emprender?

En el primer emprendimiento que tuve fracasé. La mayor lección que aprendí fue que hay que estar enamorado del problema y no de la solución, que realmente te importe resolver el problema  es clave. La forma más sencilla de emprender es resolver un problema propio, porque es un problema que conoces muy bien, pero resolver un problema hacia un grupo o población es más difícil. Curiosamente es más fácil emprender resolviendo un problema difícil que un problema “fácil”. Porque los problemas difíciles inspiran a que más personas se unan a la causa.

Otra lección que implementé fue que las personas en mi equipo sean mejor que yo, que todos sean determinantes en el éxito o el fracaso del negocio, porque así es. Aunque no querrás, el equipo si es malo o es bueno va a repercutir en el éxito o fracaso de cualquier negocio.

¿Qué habilidades te llevaron a emprender YaloChat?

El no tenerle miedo a hacer cosas en grande, romper todos esos paradigmas. Pensar en pequeño aumenta tus posibilidades de fracaso. Y si no estás altamente enamorado de lo que estás haciendo se te acaba la energía. Tenés que estar dispuesto a valorar voluntariamente más el emprendimiento y el impacto que vas a lograr que las otras cosas. He priorizado a YaloChat sobre relaciones y amistades, pero no lo veo como sacrificio, sino como una decisión, ya que al final de cuentas el impacto que podemos lograr con YaloChat es más grande que uno mismo.

¿Cómo se te ocurrió esta idea?, ¿qué problema resuelve? y ¿quién fue tu primer cliente?

Esto nació a raíz de la frustración —como dije antes—, siempre he ido en contra del sistema, y mucho de ello tenía que ver con el servicio al cliente; como perder vuelos en momentos críticos, querer llegar a un lugar y no lograrlo, etc.; lo sorprendente fue ver que del otro lado los que atendían también estaban frustrados. Detectamos que no era un problema de personas, sino de sistemas, entonces pensamos que construir una solución a través de una aplicación de mensajería instantánea con un interfaz directo con los sistemas de la empresa, conteniendo toda la data lograríamos una solución eficaz. Fue a partir de eso que buscamos hacerlo.

Nuestro primer cliente fue “Los Loosers”, un negocio de hamburguesas veganas, en la colonia Roma, México. Tenían miles de pedidos a través de Facebook messenger, les ofrecimos una solución para automatizar todos los pedidos y quedaron más que satisfechos, y nosotros vimos el potencial del negocio.

¿Cómo validaron esta idea?

Todo emprendimiento debería encontrar el Product Market Fit, todo lo que se haga debe ser en relación a eso, si no, no se debería pensar en hacer nada más, hasta que no encontrés ese fit en el mercado y las personas busquen tu producto, todo lo demás es superfluo. ¿Cómo saber si tenés PMF? Es casi como la pregunta de cómo saber si uno está enamorado o no. Cuando te están botando la puerta para comprarte es cuando tenés PMF; a nosotros nos tomó un año y medio encontrarlo. A partir de allí, YaloChat obtiene el modelo de negocio validado, empezamos a escalar, con un crecimiento acelerado.

¿Cómo te convertís en un negocio atractivo para inversión?

Entre menos necesités inversión mejor. Muchos ven cool el hecho de que una startup levantó capital, pero creo que lo que tendríamos que celebrar es cuando el negocio ya es rentable, o ya está estable generando utilidades bárbaras. Porque lograr convencer a inversionistas no garantiza que la compañía sea exitosa. Algo que he visto es que los mejores inversionistas son aquellos que invierten en negocios que no necesitan dinero. Creo que el dilema debería ser cómo convertirse en una startup por la cual todos se pelean por invertir.

Hay quienes le dicen al inversionista que cuando les inviertan el dinero van a renunciar para ir a trabajar en el proyecto. Si uno como emprendedor no invierte tiempo y esfuerzo en su idea, cómo esperar que alguien invierta su dinero. Lo correcto sería que el dueño de la idea ya debería haber testeado el mercado con prototipos del producto. Un prototipo se puede trabajar en un fin de semana y barato.

Mucho tiene que ver con las habilidades de cada uno, porque hay emprendedores que se meten a proyectos tecnológicos sin saber cómo se programa; allí es donde está el primer reto de inversión. La primera inversión debería ser un socio que sí sepa programar y desarrolle para tu proyecto. Nos enfocamos mucho en el inversionista que mete plata, pero antes de eso hay muchos inversionistas que hay que convencer.

No deberías estar en un negocio que no tiene el potencial de ser grande, porque no es atractivo para nadie, hay que lograr pasar las brechas para que valga la pena. Cuando nosotros conseguimos la inversión ya éramos rentables, teníamos un crecimiento de 30% mensual, teníamos capital en el banco para ejecutar, y teníamos 20 meses de loan-away. Eso fue lo que nos hizo atractivos para la inversión.

En una startup no tenés el tiempo para aprender algo que no sabes; claro que tenés que estar aprendiendo todo el tiempo, pero el mercado no te va a esperar a que desarrolles las habilidades. Nosotros desconocíamos el mercado de las enterprises, entonces buscamos un founding que tuviera expertiz en eso. Quizá me hubiera tomado un año aprender cómo funciona ese tipo de mercado, pero hicimos una contratación de alguien que por muchos años se desarrolló vendiendo software a grandes compañías. Traer a la gente apropiada, nos hace saltarnos muchos pasos.

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¿Cómo ves el panorama de emprendimiento e inversión en Centroamérica?

En Guatemala y Centroamérica hay mucho emprendedor amateur, y no me excluyo, pero me refiero a que en otros países, hay un domain expertise, que pasaron 10 o 15 años trabajando para mega corporaciones y luego de eso se salen y emprenden. Hay que lograr que gente del corporativo experta se salga y emprenda nuevos negocios.

Por otro lado los inversionistas extranjeros desconocen mucho las tendencias del mercado, necesitamos hacer que los grandes emprendedores —tecnológicos— que ya han logrado tener éxito afuera regresen a nuestros países a invertir para dar ejemplo y motivar la inversión.

Los inversionistas quieren mucho y los emprendedores quieren dar poco ¿Cómo llegar a un acuerdo?

Si el negocio que estás presentando es un pastel pequeño y no tiene ambición de salir de Guatemala, por supuesto que el inversionista va a querer tomar la mayor parte del pastel porque el retorno es pequeño, pero si tu visión es global podés ofrecer algo más grande y ambicioso, por lo que un pedazo pequeño representa bastante al final de cuentas.

En Guatemala nos quejamos mucho de los inversionistas, pero no nos volteamos a ver a nosotros mismos y no nos preguntamos qué nos hace falta. Te aseguro que muchos de los mejores emprendimientos de Guatemala los llevás a Silicon Valley y no levantan inversión, porque el emprendedor —persona— no tiene un nivel alto. Hay muchos que hacen esto por lifestyle, y es un absurdo totalmente. Emprender no es una escapatoria al trabajo tradicional, es algo que te va a consumir muchas más horas que un trabajo tradicional. Hay que emprender por las razones correctas.

¿Hacia dónde va YaloChat?

Para nosotros desde que empezamos dijimos: “hacerle el día a más de mil millones de personas”. Queremos que las empresas que estén usando nuestra tecnología puedan hacer que sus clientes se sientan especiales y queridos. Si partimos de ese punto, ¿cómo podemos llegar a los mil millones?, eso lo haremos creciendo en Latinoamérica, al sureste de Asia, India y China. La ambición que tenemos, nos hace reconocer que podemos operar y crecer más en mercados emergentes; no quiere decir que no podamos atacar en Estados Unidos, pero queremos aprovechar las áreas de oportunidad y por eso nos enfocamos hacia allí.

¿Cómo puede un país pequeño sobresalir en temas de emprendimiento e innovación?

En Guatemala hay mucho potencial que tenemos que empezar a explotar y aprovechar, tenemos que darnos cuenta que a escala mundial, comparado con países de mil millones de habitantes somos demasiado pequeños, eso nos debe hacer tener aspiraciones globales. Podemos ser conocidos por las capacidades tecnológicas y de emprendimiento.

Veamos eso como una realidad, que sí podemos lograrlo con dedicación, esfuerzo y sueños grandes. Los recursos existen. Iniciar un negocio en Guatemala es ultra barato al igual que validarlo. Los riesgos son bajos y el retorno puede ser muy grande. Preguntémonos si queremos seguir siendo un país que lo que hace es tercerizar su mano de obra barata o queremos ser un país de alto valor agregado conocido porque sus productos y servicios son de primera categoría.

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