Los gigantes tecnológicos también están involucrados. Google Brain anunció Magenta, un proyecto que pretende tener computadoras que produzcan música «cautivadora y artística», llena de sorpresas.

Patrick Stobbs estaba sentado recientemente en una sala de conferencias reproduciendo canciones en su smartphone, intentando demostrar cómo su empresa emergente, Jukedeck, está a la vanguardia de la música. La melodía sonaba como la pista de un videojuego de los años 80. «Esto es donde estábamos hace dos años», dijo, pareciendo ligeramente avergonzado.

«Y esto es donde estamos ahora», continuó. Luego reprodujo una suave pieza de piano. Su melodía era sencilla, y era poco sutil en su melancolía, pero no negaba que podía funcionar como música de fondo para, digamos, un comercial de seguros de salud.

Stobbs no escribió la música él mismo, ni la encargó a un compositor. Jukedeck es una de un creciente número de empresas que usan la inteligencia artificial para componer música. Sus computadoras aprovechan herramientas como redes neurales artificiales, modeladas en el cerebro, que permiten a las máquinas aprender sobre la práctica, como lo hace un niño. Hasta ahora, al menos, estas empresas no parecen estar causando mucha ansiedad entre los músicos.

«Vemos a nuestro sistema como aún en su infancia; apenas ha aprendido una cierta cantidad de música», dijo Stobbs, aunque insinuó rápidamente cómo esperaba que la música de Jukedeck pudiera avanzar: «No hay regla de la física que diga que las computadoras no pueden ser tan buenas como los humanos».

Hacer que las máquinas escriban música no es nuevo. En los años 50, el compositor Lejaren Hiller usó una computadora para producir la suite «Illiac» para cuarteto de cuerdas, la primera partitura generada por computadora.

Desde entonces, incontables investigadores han hecho avanzar ese trabajo. Pero varias empresas emergentes están tratando de comercializar la música de IA para todo, desde jingles hasta potenciales éxitos pop. Jukedeck, por ejemplo, está buscando vender pistas a cualquiera que necesite música de fondo para videos, juegos o comerciales. La compañía cobra a las empresas grandes solo USD 21.99 por usar una pista, una fracción de lo que costaría contratar a un músico. Stobbs no reveló cuántas pistas ha vendido, pero dijo que la división británica de Coca-Cola paga una suscripción mensual.

Los gigantes tecnológicos también están involucrados. En junio, Google Brain anunció Magenta, un proyecto que pretende tener computadoras que produzcan música «cautivadora y artística», llena de sorpresas. Sus esfuerzos hasta ahora no han rendido frutos.

En septiembre, DeepMind, la compañía de inteligencia artificial británica propiedad de Google, también dio a conocer los resultados de un experimento que emprendió por diversión. DeepMind introdujo muestras de música de piano en su sistema WaveNet, usado para generar audio, tal como expresiones habladas. El sistema, al cual no se le dijo nada sobre cómo funcionaba la música, usó el audio inicial para sintetizar fragmentos de 10 segundos que suenan como jazz de vanguardia. IBM también tiene un proyecto de investigación llamado Watson Beat, el cual los músicos podrán usar para transformar el estilo de su trabajo, haciendo que canciones suenen como mediorientales, por ejemplo, o «siniestras».

Los inicios de Jukedeck son un poco sorprendentes para una compañía de tecnología. Stobbs y el compositor Ed Newton-Rex, ambos de 29 años de edad, la fundaron en 2012. Habían sido coristas en la King’s College School en Cambridge, Inglaterra, y Newton-Rex, luego estudió música en la Universidad de Cambridge, donde aprendió primero que la inteligencia artificial podía componer.

Después de graduarse de Cambridge, la pareja creó un grupo coral masculino —«una idea horrible», dijo Stobbs—, y tenía aspiraciones de dirigir un sello discográfico. Pero, en 2010, Newton-Rex asistió a una conferencia de ciencias computacionales en Harvard, donde estudiaba su novia. El conferencista hizo que la programación sonara relativamente sencilla, y también hizo recordar a Newton-Rex sus primeros estudios en música de IA. Decidió unir ambas cosas, y se propuso crear Jukedeck en el vuelo de regreso a casa.

El sistema de Jukedeck involucra alimentar con cientos de partituras a sus redes neurales artificiales, las cuales luego analiza para poder dilucidar cosas como la probabilidad de que una nota musical siga a otra, o cómo avanzan los acordes. Las redes pueden producir eventualmente composiciones en un estilo similar, que luego son convertidas a audio, usando un programa de producción automatizada. Tiene redes diferentes para estilos diferentes, desde folk hasta «corporativo», algo que suena como la electrónica pulida que típicamente se toca en las conferencias de negocios.

La compañía apenas recientemente empezó a experimentar con las redes neurales artificiales para la producción de audio así como para la composición. Esto debería hacer sonar a las pistas más naturales y variadas; más humanas, en otras palabras.

Otras compañías que trabajan en música de IA tienden a involucrar a músicos más directamente en el proceso. El Laboratorio de Ciencias Computacionales de Sony en París, por ejemplo, considera a los músicos esenciales para su proyecto de Flow Machines, que ha recibido financiamiento del Consejo de Investigación Europeo.

La idea detrás del proyecto es hacer que las computadoras escriban éxitos pop, dijo François Pachet, director del laboratorio. «La mayoría de la gente que trabaja en IA se ha enfocado en música clásica, pero siempre he estado convencido de que componer una melodía corta y pegajosa es probablemente la tarea más difícil», dijo.

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.