En la fotografía: Guo Xuepin haciendo Jianbing en las calles Pekín. 

Recién llegadas de China, desembarcaron en la zona de la bahía de San Francisco. Inundaron Seattle. Descendieron sobre Portland, en Oregón.

Ahora están por todo Manhattan y se les ha visto cerca de Washington Square Park, Midtown y la Universidad de Columbia.

Por: Michael Forsythe

Jianbing, una crepa preparada en la calle, proveniente del norte de China, se hace con huevos, chile y salsa dulce, cilantro, cebolla de verdeo y obleas de masa crocantes y fritas en abundante aceite, es la demostración de fuerza culinaria más reciente del poder de atracción de Pekín.S

Hechas en carritos callejeros omnipresentes que salpican a Pekín, Tianjin y otras ciudades del norte de China, las “jianbing” se pueden comer en movimiento, y también hacen las veces de calentadoras de manos en esos días helados, cuando el viento invade desde Siberia. El precio en las secciones más elegantes de la capital china es ahora de unos cinco renminbis, o 77 centavos de dólar.

A pesar de sus orígenes humildes, hacer una jianbing es un arte. Si se arruina la salsa secreta – por lo general, alguna combinación de salsa dulce con pasta de frijol –, esta podría dominar en la crepa: al chile y al humilde cilantro, y pisotear a las cebollas de verdeo.

Por eso es que Yolanda Lee y Dolkar Tsering, amigos de la Universidad Pace en Nueva York, pasaron meses en el norte de China a finales del 2014, e iban de ciudad en ciudad. Probaron más de 100 tipos de “jianbings”, aprendieron de los maestros al borde de las calles, quienes, por lo común, estaban contentos de ofrecer consejos.

“Después de eso, nos ganamos 20 libras”, dijo Lee. “No es broma”.

Lee, de 25 años, nativa de Pekín, estudió marketing e historia del arte, y Tsering, de 26, de origen tibetano, de la provincia Sichuan, estudió finanzas, querían recrear la clásica “jianbing” en Nueva York, con unas cuantas modificaciones.

En octubre, el Flying Pig Jianbing, su camión de comida, amarillo brillante, llegó a las calles de Manhattan, sirviéndoles a los estudiantes cerca de la escuela de negocios de la Universidad de Nueva York, atrayendo a parte de la gente que sale a almorzar en Midtown y, las tardes de lunes y martes, se ponen en Broadway, afuera de Columbia.

Clientes esperan su Jianbing en el carrito de Flying Pig, en las calles de Nueva York.

Clientes esperan su Jianbing en el carrito de Flying Pig, en las calles de Nueva York.

“Al principio queríamos un restaurante muy pero muy pequeño, pero, obviamente, la renta en la Ciudad de Nueva York es indignante”, comentó Lee. “Pero entonces me di cuenta de que un camión era una idea mejor porque se supone que las ‘jianbings’ se venden en la calle”.

La “jianbing” pekinesa original que se vende en el camión, ahora cuesta ocho dólares; unas 10 veces el precio de Pekín.

Sus “jianbings” capturan la mayoría de los sabores de su tierra natal, y la envoltura frita y crocante, conocida como “ba o cui”, es superior a muchas que hay en Pekín. Es más crujiente.

150 jianbings son vendidas en un día laboral 

En Estados Unidos, las “jianbing” del Flying Pig son supergrandes. Olvídense de comerse este monstruo mientras caminan. Se trata de las SUV de las “jianbings”.

Los sartenes que venían en su camión estaban diseñados para hacer envolturas mucho más grandes que las de la variedad pekinesa que hace Guo.

Las ventas, dicen, han sido un éxito, con alrededor de 150 jianbings vendidas en un día laboral promedio.

Los dos emprendedores no son los primeros en ofrecer la crepa china en Estados Unidos. Durante algún tiempo, un carrito callejero llamado Bing of Fire, vendió “jianbings” en Seattle. Está Jian Bing Johnny’s en la zona de la bahía en San Francisco, cuyo dueño le agrega una capa de autenticidad al cocinar sus crepas en un carrito impulsado con pedales.

Jianbing / Crepé chino

Jianbing / Crepé chino

Otros sirven “jianbings” a los neoyorquinos, informó hace poco el blog local Grub Street. Las “jianbings” también llegaron a Europa. En Londres y Manchester, está Mei Mei’s Street Cart.

“Nos estamos concentrando en la seguridad de los alimentos, haciendo que toda la línea de producción sea transparente”.

 

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