Felipe es de esas personas que basta una pregunta para que te dé una entrevista completa. Su pasión por lo que hace es palpable en su expresión al hablar de ello.

Antigueño de nacimiento, tuvo que partir a Europa y a Chile para llegar a descubrir lo que verdaderamente le movía: la cocina. Aunque no se imaginaba a qué parte de la gastronomía se dedicaría, hoy en día dirige Glacy Cream, la cual cuenta con una tienda en la Antigua Guatemala y ya se ha abierto paso a la ciudad capital. Esto nos contó:

¿Cuáles fueron tus inicios como emprendedor?

Soy puro antigüeño, he vivido en la Antigua desde los tres años. A lo largo de mi vida lo único que me ha apasionado ha sido la cocina, era a lo que me quería dedicar.

Desde pequeño tuve talento para los negocios, a los trece años creé mi primer negocio que, aunque era algo pequeño y relacionado a mi edad, obtenía ganancias de ello. No era un negocio grande del cual se pudiera vivir, pero en su momento fue algo que me resultó.

Siempre estuve al pendiente de cómo podía transformar cosas simples en negocios. Cuando quise incursionar una carrera de gastronomía era menor de edad y no me permitían hacerlo, tuve que esperar a ser mayor; mientras tanto tomaba cursos de cocina, panadería y repostería.

Durante todo ese proceso, en el 2012, tuve la oportunidad de estudiar cocina en Chile y en Francia el año de finalización de la carrera. Regresé a Guatemala en el 2015 sin tener claro qué haría con todo lo que había aprendiendo; sin embargo, estaba seguro que quería iniciar un negocio propio. No sabía qué producto desarrollar; fue así como todos mis intereses los «descompuse» en ideas simples; definiendo que el producto fuera versátil, innovador y escalable.

¿En qué momento nace Glacy Cream?

Al definir cómo quería que fuese mi negocio la idea de hacer los helados fue mutando, algo que para mí es totalmente normal pero contrario a lo que comúnmente se piensa, ya que muchos sostienen que primero es necesario desarrollar una idea; pero si la idea que tenían originalmente no resulta como lo esperaban, se frustran y ya no siguen. Yo creo que es al contrario; cuando una idea no resulta al primer intento, eso quiere decir que tu idea tiene que cambiar para evolucionar y adaptarse al mercado y a lo que estamos observando en ese momento. La idea no tiene que cambiar drásticamente, habrá quienes sí les ha funcionado trabajar de ese modo, pero creo que al final la idea principal siempre va mutar.

Al principio realicé helados de queso, pero me di cuenta que en el mercado guatemalteco no somos muy conocedores de este tipo de productos. Fui entonces transformando la idea y orientándome más a la cultura y la innovación, desarrollando sabores que se adaptaran más a lo que los guatemaltecos estamos acostumbrados a consumir.

Hasta el momento he creado alrededor de 26 sabores, muchos representativos de los sabores de Guatemala; también hemos innovado con sabores que han salido de la inspiración propia, como el helado de albahaca con piña, chocolate expresso y varios más, así como los helados de los sabores tradicionales, pero con una preparación distinta a la del helado convencional.

Poco a poco desarrollé la idea. Con varios helados necesité hacer hasta dieciséis pruebas para tener un producto final, ya que, aunque el sabor estuviera bien, la textura no era la correcta; tenía que hacer las pruebas con cada uno. Esto porque mi helado es natural y no necesito de saborizantes, lo cual provocaba que todas las recetas fuesen diferentes, además de requerir diferente procedimiento. Todo eso en un lapso de cinco meses.

Fue en agosto del 2015, cuando comencé a ofrecer mi producto a hoteles, cafés y restaurantes; y, en abril del 2017 logré abrir mi propio local. Los primeros cinco clientes fueron los que más trabajo me llevó conseguir. Yo me encargaba de hacer todo lo que se requería para tener mi propio negocio, incluso, en ese entonces yo producía en mi casa con una máquina de helado casero; lo que yo ahora produzco en media hora, antes lo producía en un día completo.

El boom del negocio se dio justamente este año cuando tuve la oportunidad de abrir mi propio local. No tenía urgencia en abrirlo, pero encontré un local en la Antigua que nunca había estado desocupado y siempre había querido. No tenía idea de qué podía hacer o cómo podía armar todo, pero me arriesgué y lo tomé.

¿Cómo te diste cuenta que este sería el negocio que finalmente explotarías?

Descompuse los elementos de lo que yo quería hacer a lo más simple. Sabía que tenía que ser algo comestible, pero que fuera fácil de elaborar, fácil de enseñar, versátil…

Durante mi viaje a Chile aprendí a hacer helado; no fue exactamente en la escuela culinaria, sino en el lugar donde hice prácticas. A ninguno de los practicantes nos dejaban pasar al lugar donde hacían los helados, pero con un poco de insistencia logré conseguir permiso para ir a esa área, con la condición de que no podía preguntar o apuntar nada.

Dado a que solo podía observar, memoricé el proceso y las cantidades de ingredientes que utilizaban y, al salir anoté todo lo que había aprendido pensando en que algún día podría servirme, hasta que inicié con el desarrollo en marzo del 2015.

En Guatemala, la industria de los helados ha estado estancada desde hace mucho tiempo, ya que las heladerías grandes siempre son las mismas y no tienen tanta innovación en sus productos, algo que en otros países es todo lo contrario; las heladerías grandes tienen como mínimo cincuenta sabores distintos de helado, y otras tienen mucho más.

En nuestros planes tenemos elaborar un helado de cerveza oscura en alianza con Antigua Cerveza, este es solamente uno de los tantos proyectos que realizamos para crear ideas en conjunto con empresas antigüeñas, algo que pronto cambiará debido a que empezaremos a crecer en la capital. En octubre abriremos un kiosco en la entrada del foodcourt de Naranjo Mall.

¿Cómo respondió el mercado a tu negocio?

El mercado guatemalteco es un poco desconfiado cuando de probar productos nuevos se trata. En mi caso, los primeros meses la compra de los extranjeros fue mayor que la de los guatemaltecos. A pesar de eso, no me esperaba una aceptación tan grande desde el primer día, hasta que más gente se fue enterando de nuestro producto.

Inicié con gran ventaja gracias a que nuestro producto es bueno; era algo que las personas no habían encontrado antes, era algo totalmente nuevo para los guatemaltecos; incluso, extranjeros han mencionado que mi producto es algo mejor que lo que ellos han probado en su país.

El mercado guatemalteco comenzó a despertar después de un mes y medio, luego de ese tiempo, los guatemaltecos compraban más que los extranjeros.

¿Qué es lo más difícil que has atravesado durante tu emprendimiento?

Lo más difícil ha sido negociar con la gente de la «vieja escuela», es gente que estaba acostumbrada a algo y tenía que demostrarles el gran potencial que mi producto tenía para que ellos pudiesen venderlo en sus empresas. He tratado con gente más joven y la negociación ha sido fácil porque saben exactamente qué hacer y cómo implementarlo.

Este no es el único proyecto que quiero desarrollar, y me gustaría que mi nombre a lo largo de mi vida sea relacionado con productos de buena calidad a un precio razonable, en todos los proyectos en los que esté involucrado.

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