Hace tiempo leí en un diccionario etimológico en internet, que la palabra “emprendedor”, proviene de dos vocablos en latín que significan: El que tiene decisión e iniciativa para empezar o hacer alguna cosa difícil.

Esto llamó mucho mi atención, pues yo cada vez que hablo con un emprendedor o futuro emprendedor, siempre les repito esta frase, “emprender no es fácil, pero definitivamente es posible”

Durante los últimos 6 años he trabajado más de cerca como coach de varios emprendedores en comparación a lo que había trabajado con emprendedores en toda mi carrera, y prácticamente todos tienen un comportamiento similar a la hora de tener la idea; que van a cambiar el mundo. Todos se ven ansiosos, emocionados, excitados… luego me viene a la mente la pregunta ¿por qué en el camino se pierde todo esto y el índice de abandono y fracaso en los emprendimientos es tan alto?

De tanto cuestionarlo entendí que el problema era eso mismo, “la idea”; esta era tan buena que el nivel emocional que experimentan y el lenguaje corporal que acompaña esto es muy similar al logro, a alcanzar la meta, por lo que el cerebro se confunde y da casi por sentado que esto no es una idea,  es más bien un logro, lo cual hace que el emprendedor baje la guardia y los deseos de implementación prácticamente desaparezcan y por esto abandonan  “la idea”, porque al darse cuenta que no tienen nada, el nivel de frustración es alto.

Lo que debemos entender para emprender es que “la idea” es solo el comienzo,  las ideas no cambian al mundo, son nuestras acciones las que lo logran. La “idea” es eso,  una idea; se convertirá en realidad hasta que pongamos manos a la obra, el éxito se logra en la implementación y no en la planeación,  por lo que debemos ser conscientes que al tener una idea aún no tenemos mucho, la idea es un gran inicio, pero, ¡no es ni el paso “1”!, es más bien el paso “0”. Lo que he encontrado luego de una detenida observación y análisis de muchas ideas que no prosperan, es lo siguiente:

La idea es un “interés determinado esperando acción”, una idea es menos que receta a la hora de tener hambre; es hermoso tener grandes ideas,  pero es espectacular ver grandes acciones. ¿Somos lo que pensamos?, ¿somos lo que hacemos? o ¿somos la manera en que hacemos lo que hacemos?

Lo que en verdad nos muestra diferentes a los demás es nuestro desempeño. Lo que hacemos, lo que nos hace únicos es ser consistentes entre nuestros pensamientos, nuestro discurso y nuestras acciones, lo que me lleva al cierre de este articulo. 

Para minimizar las posibilidades de fracaso, abandono y frustración es contar con las acciones consistentes a estas tres preguntas:

1.- ¿Emprender es el fin de mi trabajo o el inicio de una nueva forma de trabajar?

2.- ¿Es algo que me quitará mi tiempo o mejor se lo doy?

3.- ¿Quiero ser el mejor, el primero o ser único y diferente?

De la tercera pregunta es de lo que quiero contarles más, ser el mejor ¿comparado con quién? Ser el primero, es tan transitorio como ser el último, pero único y diferente; requiere una dinámica que nadie más está jugando, sin importar qué es lo quieran vender o producir, mi consejo es que estén siempre en el negocio de ser “únicos y diferentes”, pues esto los mantendrá centrados en acciones de su desempeño, recuerden, no son los planes estratégicos los que llevan al éxito o el fracaso, son las acciones estratégicas las que dan los resultados. Antes de emprender deben recordar que la pregunta ¿qué es lo que nadie está vendiendo o produciendo? es un campo mayor y retador en el que debemos jugar, ese que responde a la pregunta ¿qué es lo que nadie esta haciendo?

¿Cuál es la brecha que existe entre lo que los clientes esperan que nadie está haciendo?

Por ejemplo, si vas a tener un equipo de desarrolladores de software, ¿qué es lo que los clientes esperan de los desarrolladores de software que ningún otro lo está haciendo?

Explota la estrategia de ser “único y diferente”.


Por: Mynor Izquierdo

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