En un terreno barrido por el viento cerca del aeropuerto principal de Pekín, Lu Qun ensalza el auto deportivo eléctrico que espera lo transforme en el Elon Musk de China.

«Este es un verdadero auto de alto desempeño», se jactó el emprendedor sobre su elegante Qiantu K50 gris y negro. «Es divertido, se puede sentir la calidad. Le encantará conducir este auto».

Para Lu, de 48 años de edad, el auto deportivo es su mejor oportunidad de triunfar. Después de una vida de oscuridad creando vehículos para otras compañías, este ingeniero que usa lentes está apostando a que el ascenso de los autos eléctricos impulse a su empresa —y su país— al centro del escenario automovilístico.

«Los vehículos eléctricos no solo reemplazarán a los autos con motores convencionales, sino que producirán un cambio enorme para toda la industria automovilística»

«Sus modelos antiguos restringen a los fabricantes de autos tradicionales», dijo. «Nosotros podemos ver las cosas con nuevos ojos».

Fascinado por los autos desde que era niño, estudió ingeniería automotriz en la prestigiosa Universidad Tsinghua de Pekín. Al graduarse en 1990, se unió al equipo de investigación y desarrollo de la empresa conjunta basada en China de Jeep, entonces una división de Chrysler.

Durante su periodo ahí, que incluyó dos años en Detroit, Lu llegó a sentir que esas operaciones en el extranjero habían limitado las perspectivas en China; los socios de las empresas conjuntas trataban de equilibrar sus intereses, y por ello eran lentos en desarrollar estrategias y tomar decisiones.

Así que, en 2003, él y nueve colegas dieron inicio a CH-Auto Technology Corp. como un taller de investigación y diseño especializados para la industria automovilística local. Desde entonces, la empresa ha diseñado vehículos para algunos de los fabricantes de autos más grandes de China.

Lu decidió empezar a fabricar sus propios vehículos debido al giro hacia lo eléctrico. Ya que la producción de autos eléctricos requiere nuevas partes y tecnologías, creyó que un pequeño participante pudiera competir mejor con estos nuevos vehículos que los fabricantes de autos tradicionales.«Los vehículos eléctricos no solo reemplazarán a los autos con motores convencionales, sino que producirán un cambio enorme para toda la industria automovilística», dijo Lu. «Queríamos ser parte de esta revolución».

El resultado es el K50. Diseñado en su centro de investigación, el auto de dos asientos tiene un exterior ligero de fibra de carbono y una consola llena de pantallas táctiles. Filas de baterías impulsan al auto deportivo a una velocidad máxima de unos 193 kilómetros por hora y le permiten un desplazamiento de 321 kilómetros con una sola carga.

Ya no contento con ver a otros producir sus diseños, Lu está construyendo una fábrica de 300 millones de dólares en la ciudad de Suzhou, cerca de Shanghái, para fabricar 50,000 autos por año. En total, espera invertir hasta USD 1 400 millones en su empresa en los próximos cinco años.

No especificó en cuánto se vendería el auto, pero Lu pretende que el precio del K50 se sitúe en el nivel superior del mercado cuando salga a la venta este año.

Eso pone a CH-Auto en un rumbo de colisión con la empresa insignia de la industria: Tesla.

La compañía de Elon Musk tiene una ventaja. Mientras que Lu está construyendo su empresa de la nada, Tesla ha estado establecida en China desde 2013. CH-Auto tendrá que convencer a clientes ricos de invertir una gran suma en una marca poco conocida —Qiantu— por encima de los modelos reconocibles de Musk.

No obstante, Lu sigue sintiéndose confiado. Argumenta que el deportivo K50 atraerá a un conductor más orientado al ocio que los autos de Tesla. Como logotipo, la compañía ha elegido a la libélula, porque sus gerentes creen que el insecto veloz y ágil tiene atributos similares a su auto eléctrico. Para comercializarlo, Lu está considerando abrir salas de exhibición en ciudades chinas importantes, respaldadas por una plataforma de ventas en línea.

Elon Musk «es alguien de quien puedo aprender», dijo. «Tesla tiene una enorme importancia simbólica porque es la primera empresa que hace que la gente crea que es posible un modelo de negocios que gire totalmente en torno de los vehículos eléctricos».

Lu está construyendo una fábrica de 300 millones de dólares, para fabricar 50,000 autos por año. En total, espera invertir hasta USD 1 400 millones en su empresa en los próximos cinco años.

Pero, añadió, «no estamos buscando crear el Tesla chino». Cuando se trata de competir con Tesla, Lu puede contar con amplia ayuda del gobierno chino.

Para reducir los costos y estimular la demanda, el Estado ha soltado un torrente de efectivo. Ha ofrecido subsidios a fabricantes y exenciones fiscales a compradores, y destinado inversiones a la construcción de estaciones de carga para hacer más prácticos a los autos eléctricos.

En total, UBS Securities estima que el gobierno gastó USD 13 000 millones en la promoción de vehículos eléctricos solo en 2015. Hasta ahora, Lu ha financiado el K50 a través de préstamos e inyecciones de capital nuevo, pero dice que “no rechazará” los subsidios gubernamentales si están disponibles.

Algunos analistas temen que la generosidad del Estado pudiera resultar tanto una maldición como una bendición.

China quizá esté recreando en los autos eléctricos el derroche y exceso que ha plagado a otros sectores en que se ha enfocado el Estado, como el acero y la energía renovable, sin producir la innovación tecnológica que la economía necesita para competir. Y aun cuando el mercado automovilístico de China es el más grande del mundo, sigue siendo improbable que absorba todos los proyectos de vehículos eléctricos que están en marcha.

«Hay muchas compañías de vehículos eléctricos y proyectos de moda que están atrayendo mucho dinero», dijo «No todas las compañías y no todos los autos tendrán éxito».

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.