En la última década Alice Cicolini y Melanie Georgacopoulos a, las impresoras 3-D se han vuelto una parte establecida de la caja de herramientas del joyero, una forma rápida y eficiente de probar diseños y ofrecer personalización a los clientes. Varios diseñadores están ahora presionando los límites de la tecnología y encontrando qué abre nuevas puertas para dar rienda suelta a su creatividad. 

Por: Rachel Garrahan 

Cuando Alice Cicolini y Melanie Georgacopoulos decidieron embarcarse en un proyecto colaborativo que se enfocaba en la experimentación del diseño en vez del comercio, eligieron la impresión 3-D específicamente porque ninguna estaba familiarizada con ella. «Queríamos desafiarnos», dijo Georgacopoulos, quien, como Cicolini, es una diseñadora y orfebre con sede en Londres. 

«La impresión 3-D se está incrustando en la industria como una herramienta útil, y queríamos explorar si podía imprimir un objeto que se pudiera tomar y usar —dijo Cicolini—, era importante para las dos que hiciéramos algo que no podíamos crear de ninguna otra manera». 

Después de meses de investigación y de prueba y error, descubrió que la tecnología también le permitía experimentar con el patrón y el color en formas que no eran posibles con sus técnicas de esmaltado acostumbradas. 

Al producir versiones monocromáticas y coloridas del diseño, se vio particularmente atraída hacia el proceso de la cerámica, en el cual un patrón de cuatro colores puede ser aplicado con precisión sobre una pieza conforme se imprime en un lecho de cerámica granular. «Los patrones que creé no serían posibles con el esmaltado», dijo. 

Georgacopoulos hizo una improvisación en su trabajo con perlas. Su collar consiste de 35 componentes diferentes, impresos en resina, de esferas en forma de perlas que cambian a formas que tienen facetas como los diamantes. Estas se conectan con eslabones que se unen para formar una pieza completa. 

Pese a las complicaciones y costos inesperados del proyecto (Georgacopoulos dijo que la pura impresión de un collar costó unas mil libras esterlinas, o  USD 1245), las joyeras están refinando técnicas y diseños para ampliar el proyecto a una colección de piezas de edición limitada a precios más asequibles. «Este es solo el primer capítulo», dijo Georgacopoulos. 

Marie Boltenstern está entre las primeras diseñadoras en crear joyería de metales preciosos directamente impresa en 3-D. La diseñadora, que tiene su sede en Berlín y se describe como una arquitecta de la joyería, aplicó su experiencia en la arquitectura, la ingeniería y el diseño computacional para crear Resonance, una colección de oro y platino que incluye una compleja cadena de eslabones diseñados individualmente; inspirada en las escamas de los peces y los reptiles, para asegurar su fluidez y ajuste. 

«Por un lado, las escamas son muy rígidas y protectoras —dijo— y, por el otro, se adaptan por completo a la superficie del cuerpo». 

La pieza central de la colección, un ancho brazalete de oro de 18 quilates que se vende en aproximadamente 28 000 euros, o 29 935 dólares, está impresa en un periodo de 20 horas en una máquina desarrollada por Cooksongold, un proveedor de equipo de joyería en Birmingham, Inglaterra. La impresora construye las piezas derritiendo oro, plata o polvo de platino, capa por capa, con un láser preciso. 

Entre el entorno tradicional del taller en Mayfair de Graff Diamonds, la impresión 3-D también ha encontrado su lugar. Junto a los 65 artesanos que trabajan a mano en creaciones de alta joyería, tres orfebres y engarzadores de diamantes entrenados a la manera clásica han adquirido las habilidades para trabajar con el diseño auxiliado por computadora, o CAD, y las avanzadas impresoras 3-D de la compañía. 

«Estas máquinas van más allá de lo que el ojo humano puede ver y lo que la mano humana puede hacer con una sierra —dijo Sam Sherry, jefe de tecnología de Graff. Se puede trabajar en micrones en la computadora. Esa resolución no es posible en la mesa de trabajo». 

Para él y su jefe, Raymond Graff, director de la compañía, es esencial que los miembros del equipo de Sherry sean entrenados al estilo clásico, en vez de que sean expertos en tecnología de la información empleados simplemente para operar la tecnología. Su comprensión a profundidad de la fabricación de joyería significa que pueden usarla como una herramienta adicional para crear soluciones precisas para diseños complejos mientras mantienen su integridad artística. 

«Nuestro principal objetivo es hacer joyería hermosa —dijo Sherry. Queremos que las piedras hablen por sí mismas». 

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