Ubicada en un monótono barrio industrial rodeada de almacenes y  fábricas, la oficina en Tokio de Astroscale parece adecuadamente situada para una compañía que busca entrar en el negocio de la gestión de desechos.

Por: Martin Fackler 

Solo dentro, los visitantes ven signos de que su fundador, Mitsunobu Okada, aspira a ser más que un recolector de basura común. Imágenes tipo escolar de los planetas decoran la puerta de la sala de juntas. Modelos a escala de satélites ocupan un rincón. Okada recibe a los invitados con una playera azul marino que lleva estampado el lema de su compañía: Space Sweepers (Barrenderos espaciales).

Okada es un emprendedor con la visión de crear la primera empresa de recolección de basura dedicada a limpiar parte de la basura más difícil de alcanzar de la humanidad: las etapas de cohetes desechadas, los satélites inertes y otros escombros que han estado acumulándose por encima de la Tierra desde que el Sputnik abrió paso a la Era Espacial. Lanzó Astroscale hace tres años con la creencia de que las agencias espaciales nacionales estaban siendo lentas en enfrentar el problema, el cual pudiera ser abordado más rápidamente por una pequeña empresa privada motivada por las utilidades.

Una cámara de vacío usada para probar partes del satélite IDEA OSG 1 de Astroscale en la fábrica de la compañía en Tokio. / Foto: Ko Sassaki – The New York Times.

«Enfrentémoslo, la gestión de desechos no es lo suficientemente atractiva para que una agencia espacial convenza a los contribuyentes de asignarle dinero», dijo Okada, de 43 años de edad, quien situó las oficinas centrales de Astroscale en un Singapur amigable con las empresas emergentes, pero está construyendo su nave espacial en su nativa Japón, donde encontró más ingenieros. «Mi gran avance es determinar cómo hacer de esto un negocio».

En el último medio siglo, la órbita terrestre baja se ha llenado de tantos escombros que las agencias y científicos especiales advierten del creciente peligro de colisiones para los satélites y las naves espaciales tripuladas. La Fuerza Aérea de Estados Unidos ahora da seguimiento a unas 23 000 piezas de basura espacial que son lo suficientemente grandes —unos 10 centímetros o más— para ser detectadas desde la Tierra.

Compañías como SpaceX y OneWeb están apuntando a crear enormes redes nuevas de cientos o incluso miles de satélites para ofrecer globalmente conectividad de internet y cobertura de telefonía celular. El crecimiento del tráfico incrementa el riesgo de colisiones que pudieran alterar las comunicaciones, como en 2009 cuando un satélite militar ruso durmiente chocó contra un satélite de comunicaciones estadounidense privado, causando breves interrupciones para los usuarios de telefonía satelital.

Peor aún, cada choque como ese crea una nube de esquirlas, desencadenando potencialmente una reacción en cadena de colisiones que pudieran volver inutilizable la órbita baja.

El satélite IDEA OSG 1 de 50 libras llevará paneles que miden el número de golpes de escombros de menos de un milímetro. Foto: / Ko Sassaki – The New York Times.

«Si no empezamos a retirar estas cosas, el entorno de escombros se volverá inestable», dijo William Ailor, miembro de la Aerospace Corp., un centro de investigación y desarrollo con financiamiento federal en California. «Continuaremos teniendo una creciente población de escombros que pudieran afectar la capacidad de operar los satélites».

Es donde entra Okada, un ex funcionario gubernamental y emprendedor de internet, quien dijo que una crisis de la mediana edad hace cuatro años lo llevó a regresar a su pasión de la niñez: el espacio. En su adolescencia en 1988, voló a Alabama para unirse al Campamento Espacial de Estados Unidos en el Centro Espacial y de Cohetes de Estados Unidos en Huntsville, y posteriormente eligió asistir a la escuela de negocios en la Universidad de Purdue, el alma mater de su héroe, Neil Armstrong.

Posteriormente, Okada se dio cuenta de que podía usar su experiencia en el mundo de las empresas emergentes había fundado una compañía de software en 2009 _ para dar un salto a otros proyectos de escombros espaciales.

«Los proyectos olían a gobierno, no eran frescos ni ágiles», dijo de las conferencias a las que asistió para enterarse sobre otros esfuerzos. «Yo provenía del mundo de las empresas emergentes donde pensamos en plazos de días o semanas, no de años».

Prueba de las piezas de satélite en la planta de Tokio de Astroscale. / Foto: Ko Sassaki – The New York Times.

Dijo que ha creado un plan de dos pasos para ganar dinero con la remoción de escombros. Primero, Astroscale planea lanzar un satélite de 23 kilos, llamado IDEA OSG 1, el año próximo a bordo de un cohete ruso. La nave llevará paneles que pueden medir el número de choques con escombros de incluso menos de un milímetro. Astroscale usará estos datos para compilar los primeros mapas detallados de la densidad de los escombros en varias altitudes y ubicaciones, los cuales pueden ser entonces vendidos a los operadores de satélites y las agencias espaciales, dijo Okada.

«Necesitamos registrar ingresos en una primera etapa, incluso antes de hacer una remoción de escombros real, para probar que somos comerciales, como empresa», dijo Okada, quien añadió que ya había recaudado USD 43 millones de inversionistas.

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