Desde niño escuché la historia de David y Goliat, la emblemática lección de cómo un pequeño pastor de ovejas venció a un poderoso guerrero. Sus armas, 5 piedras y una onda. Un joven sin ninguna preparación militar vence a un gigante que medía 2.92 metros —Goliat—, quien poseía un rango en la milicia y la capacidad de aplastar al pequeño David. Encuentro una similitud en los emprendedores millennials, que se enfrentan a su propio gigante con una aparente pequeña idea.

Los primeros años de un emprendimiento son semejantes a los 3 primeros meses de la formación de un bebé, que es donde se está formando el ADN. Es en este proceso que se pueden llegar a formar enfermedades causadas por mutaciones genéticas. Lo que se haga en los primeros años de un emprendimiento determinará el futuro del negocio. En Latinoamérica el 75% de los negocios fracasan en sus tres primeros años de vida. Las primeras decisiones, acciones y contrataciones serán cruciales.

Está cambiando la forma de cómo crear empresas y es menos compleja, ya no es ni siquiera un plan de negocios el salvavidas. Hoy es sencillo, no se trata de extensos manuales, es encontrar una solución a un problema que afecta a muchos y echarla a andar de una forma creativa e innovadora; tener convicción de la idea y ejecutarla con determinación.

Los nuevos negocios tienen una ventaja ante sus grandes competidores, son más ágiles, no hay antiquísimos protocolos ni rígidas burocracias. Son flexibles, pueden ofrecer un mejor precio en el mercado, y se rigen en un modelo en el que todos ganan. Las startups están haciendo sudar a las corporaciones gigantes.

Hay algo que tiene inquietos a los «Goliat» de las grandes industrias, y es el hecho de que los jóvenes están teniendo nuevas ideas y creando negocios disruptivos, lo que se ha convertido en una competencia temible. Por ejemplo, la industria hotelera se ha visto amenazada con negocios como Airbnb, que ha superado la facturación de la cadena de hoteles más grande del mundo, y no tiene un solo hotel. O las corporaciones dueñas de las flotillas de taxis que se oponen a que Uber entre a los mercados locales provocando irónicamente que se posicione más rápido.

Los disruptores son emprendedores jóvenes y hasta cierto punto novatos. Los empresarios veteranos que están en el mercado no disrumpen porque tienen mucho que arriesgar. Los negocios disruptivos nacen con innovación, trabajan en equipo y en red, retienen clientes bajo la premisa «el cliente es el rey», usan algoritmos y colaboración abierta, se reinventan con regularidad. Esto le sobrepone a la fuerza de los negocios tradicionales.

Saben identificar problemas fácilmente, su emoción de ganar es mayor al miedo de perder, conocen las 25 maneras diferentes que los bancos tienen para decirte no, tienen miedo pero lo supera su pasión por trascender; no piensan en fronteras, se ponen metas altas de crecimiento de un 100, 300 o 500 por ciento anual.  No tienen jefes en sus organizaciones, cambian el equilibrio de su industria y es así como derrotan a sus gigantes.

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