Hace una década, un grupo de biólogos, capitalistas aventureros y genios de la computación se reunió bajo el nombre de «tecnología limpia». Esperaban dar la voltereta a las industrias contaminantes con microorganismos que alegremente excretaran químicos industriales a través del milagro de reprogramar el código genético de la naturaleza. 

Por: Quentin Hardy 

La idea perdió miles de millones de dólares. Los genes quizá ciertamente sean códigos programables, similares al software de las computadoras, pero resultó que la naturaleza era más compleja de lo que se creía. 

Ahora, con menos fanfarrias, unas cuantas compañías de tecnología limpia están apuntando a un regreso. Y la gran idea no ha cambiado mucho: crear materiales baratos, seguros y naturales, para el combustible, los cosméticos y otros productos, de manera muy similar a como la levadura fermenta los azucares para convertirlos en alcohol. 

Esta vez, creen que tienen mejores herramientas para editar los códigos genéticos, medir los resultados y automatizar cómo los químicos son producidos a gran escala. También apuntan más bajo, ya que ahora se enfocan solo en unos cuantos químicos, no en reformar la manera en que el mundo da energía a sus autos. 

Más asombrosamente, la forma en que proponen crear su «software» basado en la biología se asemeja a los cambios recientes en la forma en que se desarrolla el software computacional. En vez de grandes proyectos complejos, están enfocándose en cambios pequeños a un ritmo rápido y en hacer ajustes conforme el análisis inteligente produzca más información; un concepto que las empresas de alta tecnología llaman programación ágil. 

«Esto es como la programación ágil, pero para la biología», dijo el doctor Eric Steen, cofundador de Lygos, una empresa emergente en Berkeley que crea levaduras que producen ácido malónico, un ingrediente en las fragancias comúnmente derivado del cianuro.

«La evolución es el algoritmo más poderoso que haya existido, pero se tiene que idear cómo hacerlo trabajar a nuestro favor». 

En la programación ágil basada en la computación, equipos pequeños refuerzan las  señales positivas sobre la forma en que su código está funcionando en línea. La  versión de Lygos de esto es medir rápidamente el desempeño de una nueva cepa de levadura y rápidamente incorporar esos resultados en las herramientas de edición de genes que son 100 veces más rápidas que cuando Steen estaba en la escuela de posgrado, hace 15 años.  

«Es un problema de big data», dijo, haciéndose eco de uno de los términos más de moda en la computación. «Hay 2,000 genes en esta levadura, y cada gen podría usar 300 aminoácidos. Hay mucho más de un millón de variantes. Nuestra primera cepa exitosa emitió solo una diminuta cantidad de ácido malónico como subproducto, pero aprovechamos eso, y seguimos haciéndolo crecer».  

La compañía, que Steen y otros separaron de la Universidad de California en Berkeley en 2011 con una subvención de USD 150 000 del Departamento de Energía, consiguió recientemente USD 13 millones, aparte de los USD 8 millones que recibió del gobierno y algunos inversionistas privados a lo largo de los años. 

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