Google es una de las compañías más valiosas en el mundo, pero a su futuro, como el de todos los gigantes tecnológicos, lo nubla una amenaza que se alza.

La compañía de búsquedas gana, prácticamente, todo su dinero con los anuncios que se publican en la World Wide Web. Sin embargo, ¿qué pasa con la máquina del efectivo si, al final, las búsquedas en la red se vuelven obsoletas?

Por: Farhad Manjoo 

Esa preocupación no es inverosímil. Más del tiempo informático en el mundo se sigue cambiando a los teléfonos inteligentes, donde las aplicaciones han suplantado a la red. Y es posible que los aparatos conectados a internet que pueden dominar en la siguiente era tecnológica —los relojes inteligentes de pulso; los dispositivos auxiliares en el hogar, como el Echo de Amazon; o las máquinas de realidad virtual, como el Oculus Rift—, no estén en la red y que ni siquiera tengan pantallas.

Ahora, Google está uniendo estos avances en un producto nuevo, una tecnología cuyo objetivo último es algo parecido a la computadora que habla de «Star Trek». Es una apuesta muy alta: si falla esta nueva tecnología, podría ser la señal del comienzo del final del reinado de Google sobre nuestra vida. Sin embargo, si tiene éxito, Google podría conseguir una centralidad en la experiencia humana sin ningún producto tecnológico rival hasta ahora.

La compañía llama a su versión de esta máquina todo poderosa el «Asistente de Google». Hoy, se parece a otros auxiliares digitales que es probable que usted haya utilizado —cosas como Siri de Apple, Alexa de Amazon y Cortana de Microsoft—. Actualmente vive en la nueva aplicación de Google para enviar mensajes Allo, y también aparecerá en unos cuantos aparatos nuevos que la empresa planea dar a conocer este año, incluido un nuevo teléfono inteligente y una computadora que habla, parecida al Echo de Amazon, llamada Google Hogar.

Si el Asistente o algo parecido no despega, el estatus de Google como principal navegador de nuestra vida digital podría ser desbancado por media docena de otros asistentes. Usted podría interactuar con Alexa en su casa, con Siri en su teléfono y con el chatbot del Messenger de Facebook cuando anda en la calle. El buscador de Google, su sistema operativo Android, Chrome, Gmail, Mapas y otras propiedades seguirían siendo populares y lucrativas, pero, posiblemente, muchísimo menos de lo que son hoy.

La compañía de búsquedas podrá tener una capacidad tecnológica para crear al asistente más inteligente que haya, pero no está del todo claro que tenga la destreza para crear al asistente más amigable, más encantador o más útil.

Esa es la amenaza. Sin embargo, el Asistente también le presenta a Google una oportunidad deliciosa. La computadora de «Star Trek» no es ninguna metáfora. La compañía cree que el aprendizaje de las máquinas ha avanzado al grado en el que ahora es posible construir un asistente predictivo, sabiondo, superútil y que converse, del tipo en el que confiaba el capitán Kirk para navegar entre las estrellas.

El Asistente, en la visión más fantástica de Google, siempre estaría cerca, dondequiera que usted esté, en cualquier aparato que usted utilice, para manejar casi cualquier tarea informática.

Solo considere esta situación común: hoy, para reservar un viaje, por lo general, se tiene que ingresar a varios sitios de viajes, consultar el calendario, y coordinar con la familia y los colegas. Si funciona el Asistente tan bien como espera Google, todo lo que se tendría que hacer sería decir: «Está bien, Google, necesito ir a Hong Kong la semana entrante. Hazte cargo de eso».

Con base en sus interacciones con ella al paso de los años, Google conocería sus hábitos, preferencias y presupuesto. Conocería a sus amistades, familiares y colegas. Con acceso a tantos datos y con la potencia informática para interpretarlo todo, lo más probable es que el Asistente pudiera manejar toda la tarea; de no ser así, simplemente le pediría que llenara algunos huecos, en la forma en la que lo haría un asistente humano.

Si lo logra, sería la máxima expresión de lo que Larry Page, el cofundador de Google, alguna vez describió como el buscador perfecto: una máquina que «entienda exactamente lo se quiere decir y produzca exactamente lo que se quiere».

Esto llega a una dificultad más profunda. La compañía de búsquedas podrá tener una capacidad tecnológica para crear al asistente más inteligente que haya, pero no está del todo claro que tenga la destreza para crear al asistente más amigable, más encantador o más útil.

Claro que todavía es muy pronto. Sullivan tiene grandes esperanzas sobre el Asistente. Sería prematuro ver la tecnología hoy y desalentarse sobre su futuro, especialmente porque Google ve esto como un proyecto de muchos años y quizá hasta décadas. Y, especialmente, si su futuro depende de hacer esto bien.

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