En Dream Town, una colección de edificios rectangulares, de oficinas, en el límite arenoso de esta ciudad histórica, una pequeña compañía está desarrollando una impresora 3 D portátil. Otra recibe pedidos de masajes tradicionales chinos en teléfonos inteligentes. Son solo dos de las 710 empresas emergentes que se cultivan aquí.

En cualquier otra parte, una incubadora como Dream Town sería una visión de capitalistas de riesgo, inversionistas ángel o incondicionales de la tecnología. Sin embargo, se trata de China. El Partido Comunista Chino no confía en la sola mano invisible del capitalismo para fomentar el emprendimiento, en especial porque es una parte grande de la estrategia de la dirigencia para remodelar una economía debilitada.

Razón por la cual el gobierno de Hangzhou -que fuera una capital real y ha sido un gran centro comercial durante más de un milenio- construyó Dream Town y prodiga recursos a las empresas emergentes. Los negocios aquí reciben beneficios, como las rentas subsidiadas, los donativos en efectivo y la capacitación especial, todo por cortesía del ayuntamiento.

Chemayi, que brinda servicios de reparación de coches con una aplicación para teléfonos inteligentes, se localiza en Dream Town, no pagará renta durante tres años y ha solicitado subsidios por unos USD 450 000 a las autoridades municipales para ayudarla a pagar salarios y comprar equipo.

“Desde el gobierno central bajando hasta los gobiernos locales, hemos visto mucho apoyo cálido”, comentó Li Liheng, un cofundador y director ejecutivo de Chemayi.

Durante gran parte del auge económico de China, los jóvenes llegaron a las zonas manufactureras en busca de empleos para hacer pantalones vaqueros o iPhones. Sin embargo, hoy, China está tratando de ir más allá de solo ser la planta fabril del mundo. Los formuladores de políticas quieren que la siguiente generación encuentre empleos mejor remunerados en oficinas modernas, creando ideas, tecnologías y empleos para alimentar el futuro crecimiento del país.

Es frecuente que el premier Li Keqiang llame al “emprendimiento de masas”. En marzo, en el Congreso Nacional del Pueblo, alardeó que se fundaron 12,000 compañías nuevas a diario en el 2015.

La adopción del emprendimiento se da con mucho apoyo financiero. Por todo el país, los funcionarios están creando fondos de inversión y están proporcionando subsidios en efectivo y construyendo incubadoras.

“Sin este tipo de subsidios, solo se depende del dinero privado, y no verías tantas empresas emergentes de tecnología surgiendo hoy”, dijo Nig Tao, un socio en Innovation Works, un fondo de capital riesgo en Pekín. “Sin la cantidad, no puedes tener calidad”.

Sin embargo, los gastos fuertes se añaden a las inquietudes sobre una burbuja que está aumentando en el mundo de las compañías más pequeñas de China. Junto con los fondos gubernamentales, el dinero del capital riesgo está inundando al país. Se han firmado contratos por alrededor de USD 49 000 millones en el 2015, con lo que China es el segundo país, después de Estados Unidos, según el despacho contable Ernst & Young.

Algunos economistas y emprendedores están preocupados de que el gobierno esté ayudando a alimentar un frenesí que, en última instancia, podría resultar en la quiebra de negocios, desperdicio de recursos y pérdidas financieras. Tan solo una ciudad, Suzhou, cercana a Shanghái, ha anunciado que abrirá 300 incubadoras para el 2020, donde habrá 30,000 empresas emergentes.

Los hijos de Alibaba

Hangzhou es un centro natural de la fiebre de las empresas emergentes en China.

Ahora el fanatismo por el comercio se está canalizando hacia las empresas emergentes de tecnología. Hangzhou es donde se localiza la compañía de internet más famosa de China, la gigante del comercio electrónico, Alibaba, que se ha convertido en terreno de entrenamiento para los aspirantes a ser emprendedores.

Los barrios cercanos al extenso campus de Alibaba, otrora una zona mal desarrollada en los límites de la ciudad, integran ahora un centro tecnológico en ciernes con parques de oficinas recién construidos, como Dream Town, dominados por ambiciosos egresados de las universidades, inversionistas ángeles y capitalistas de riesgo. Los restaurantes locales se han convertido en sitios de reunión para intercambiar ideas, y chismear sobre el pulpo frito y el estofado de puerco con huevo.

Feng Xiao es típico de este nuevo grupo. Feng, de 39 años, y nativo de Hangzhou, pasó 11 años en Alibaba, principalmente en ventas y marketing.

Feng y otros dos empleados de Alibaba salieron de la compañía en el 2014 y abrieron un servicio de entrega de comida, Mishi. Su plan era conectar a las personas dispuestas a preparar comida casera con los profesionales que siempre andan fuera y están muy ocupados para cocinar. Se establecieron en la casa vacía de un amigo, la decoraron con muebles de segunda mano y fotografías de sus lugares de origen.

Además de recaudar USD 19 millones entre inversionistas privados, Mishi llamó la atención del gobierno municipal de Hangzhou. En el 2014, funcionarios distritales le otorgaron cinco millones de renminbis para ayudarla a pagar las cuentas. Su renta en el parque de oficinas de Hangzhou también tiene subsidio.

Mishi ha creado 100 empleos de tiempo completo y ha reforzado el ingreso de más de 10,000 chefs caseros.

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