De mochileros por el mundo, Eduardo y Guillermo —ambos franceses—, chocaron sus vidas en la ciudad de Antigua Guatemala. Aunque su sueño de viajar por el mundo aún está latente, su espíritu emprendedor los ha enlazado fuertemente a Guatemala. Conversamos con ellos, y con un fluido español nos contaron cómo ha sido esta travesía de emprendimiento.

Texto y fotos: Elder Canahui

¿Cómo inicia Luna de Miel? 

Edouard: Soy originario de Francia. Llegué a Guatemala porque estaba realizando un viaje a varios países, pero justamente al llegar aquí, se me agotaron los recursos económicos para seguir viajando. El país me gustó mucho, así que decidí quedarme unos meses en un hotel en la Antigua para ahorrar más dinero. En ese tiempo noté que no había una crepería en esa ciudad.    —Yo ya había vendido crepas en Nueva Zelanda, en la calle. No fue mucho tiempo, pero me dejó buenas ganancias—. Así que junto a una conocida decidimos abrir una.

Al inicio, el negocio era pequeño, no teníamos mesas, todo era «para llevar», pero al ver la aceptación empezamos a colocar una banca, pero no era suficiente, la gente se quedaba de pie. A los tres meses alquilamos más espacio del que teníamos y logramos ubicar cuatro mesas pequeñas. El negocio crecía y mi socia no tenía suficiente tiempo para dedicarle, así que decidimos separarnos, compré su parte del negocio y continúe con la crepería.

Con el tiempo, el restaurante se hacía cada vez más grande y fue necesario alquilar más espacio; logré tener diez mesas y por ende debía contratar a más empleados.

¿Te considerabas emprendedor al querer iniciar Luna de Miel? 

No. Al inicio la idea era tener un negocio para hacer dinero rápido. Más adelante me di cuenta que era algo a lo que quería dedicarme, además de que me gusta mucho vivir en la Antigua y el negocio cada vez crecía más.

Mi principal motivo para ganar dinero era viajar por toda América. Sabía que durante mis recorridos debía trabajar, pero no imaginé que sería este el país donde encontraría la oportunidad de tener mi propio negocio.

¿Cómo lograste financiar el negocio? 

Inicié participando con USD 3000 que mi papá me prestó; mi exsocia aportó la misma cantidad. Luego, tres años después conocí a Guillermo, con quien logramos congeniar muy bien, ya que a los dos nos gustó Guatemala. Trabajamos un tiempo juntos, suficiente para confiar en que él podría convertirse en mi socio, y así fue.

¿En qué momento se conocen y se vuelven socios? 

Guillermo: Conocí a Edouard en el 2009 después de haber viajado por toda Sudamérica.

Regularmente me quedaba durante dos o tres días en cada país, pero, al pasar por Guatemala me quedé durante seis meses, porque no me agradaba la idea de permanecer poco tiempo en un país sin socializar con nadie ni conocer la cultura de cada uno. En ese momento conocí a Edouard, cuando tenía la «vieja» Luna de Miel.

Antigua es una linda ciudad.  Se me hizo agradable vivir ahí durante varios meses. Continué con mi viaje hasta que llegué a Canadá y allí nos cruzamos de nuevo con Edouard —él al igual que yo es «mochilero» y viaja bastante— nos reunimos y acordamos regresar a Guatemala, aunque mi plan era recorrer todo Canadá. Justamente regresamos cuando Luna de Miel estaba por cumplir cuatro años. Regresé por dos meses, trabajé con Eduardo —su nombre al español— desarrollando su sitio web, como mesero y en servicio al cliente, pero volví a Canadá y continué viajando. A pesar de eso mantuve el contacto con Eduardo, habíamos acordado trabajar juntos en otra oportunidad. Estuve un año en Australia y en Nueva Zelanda cuando volví a hablar con Eduardo y me contó que estaba alquilando un nuevo local en la capital para Luna de Miel y quería seguir trabajando conmigo. Regresé a Guatemala en el 2012.

Después de viajar a varios países, ¿cómo decidiste emprender en Guatemala? 

Cuando viajas te das cuenta que si quieres quedarte viviendo en otro país que no es el tuyo te será muy difícil encontrar un empleo, sobre todo si no hablas el mismo idioma y tienes una cultura totalmente distinta.

El servicio al cliente en bares y restaurantes te da la oportunidad de trabajar en cualquier país del mundo. Durante mis viajes tuve mis primeras experiencias como mesero, bartender y encargado. Implementamos varias cosas que aprendí en otros países para mejorar el servicio al cliente de Luna de Miel.

¿Cuál ha sido el crecimiento de Luna de Miel? 

Sufrimos el éxito que generó Luna de Miel, fue demasiado, no podíamos parar; tuvimos que tomar varias decisiones muy rápido. En el antiguo local teníamos nueve empleados y una capacidad para tener entre 35 y 40 sillas; al trasladarnos al local en el que nos encontramos actualmente solamente contratamos a una persona más y una capacidad de 160 sillas. Pero, al notar el crecimiento tuvimos que contratar más del doble de gente de la que ya contábamos.

El crecimiento ha sido notorio; antes solamente teníamos un iPad para tomar todas las órdenes, ahora cada mesero cuenta con el suyo.

No teníamos un gran presupuesto ni un business plan que seguir. Al inicio no teníamos un sueldo fijo, pero no importaba porque no teníamos tiempo para gastarlo; vivíamos en la crepería, nuestro enfoque era comprar todo lo que necesitásemos para el restaurante y brindar un buen servicio.

Afortunadamente teníamos buenas ganancias y a la gente le gustaba mucho nuestro concepto y productos; teníamos oportunidad de proyectarnos, sabíamos que teníamos chance de crecer.

Fotografía: Revista Win — Elder Canahui

¿Cuál ha sido la estrategia para mantenerse? 

Trabajar. Esto requiere de muchos sacrificios; durante casi tres años no tuvimos vacaciones, trabajamos ininterrumpidamente. Trabajábamos todos los días desde la apertura hasta el cierre del restaurante. Abrimos la crepería 364 días al año. Actualmente contamos con 42 empleados, y aun así nosotros seguimos siendo los que abrimos el restaurante.

Estamos proyectando abrir el segundo restaurante en la capital, pero esta vez siguiendo un mejor plan, no como se hizo anteriormente.

¿Cómo percibiste el ambiente en Guatemala para emprender? 

En ningún lugar es fácil emprender; en cualquier parte habrá que trabajar mucho. Un negocio no crece rápido. Junto a Eduardo hemos invertido muchos años para tener la libertad que tenemos ahora, tomando en cuenta que el restaurante tiene once años.

He escuchado a muchas personas decir que en Guatemala es mucho más difícil iniciar un negocio, pero realmente lo es en cualquier parte del mundo. Acá es más fácil contratar personal que te apoye —en otros países no lo es—, por lo que el crecimiento es más rápido. El desarrollo del país es diferente, pero en los últimos años los países latinoamericanos se han ido desarrollando más en comparación a los países europeos; obviamente aún hay muchas cosas por mejorar, pero las empresas se construyen con esfuerzo y mucho trabajo.

¿Qué lecciones has aprendido en la travesía de emprender en Guatemala? 

El mercado antigüeño es bastante complicado; la plusvalía ha crecido mucho y por ende los precios de renta son muy elevados, eso para un emprendedor es muy difícil, sobre todo cuando sabes que los primeros años son de mucho sacrificio y no hay tantas ganancias. Por ello hay que ser humildes, tener los pies sobre la tierra y saber hasta dónde te da el presupuesto para iniciar un negocio. El truco está en saber llevar la economía y las finanzas, además de tomar en cuenta cualquier eventualidad o riesgo que pueda darse en el camino.

Algo que ayuda mucho a los entrepreneurs es tener el respeto del equipo. Por ejemplo, cuando empezamos nos tocó a cada uno limpiar todo y recoger la basura del restaurante; creo que cuando sabes hacer todas las tareas de tu negocio —aun las más básicas—, tus empleados te respetarán aún más.

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