Consejos de un grande del emprendimiento: Arturo Calle

Don Arturo Calle posa para Revista Win en su primera tienda Arturo Calle en el centro comerical Oakland Mall, en la zona 10, una de las ubicaciones más importantes en la ciudad de Guatemala. / Fotografía: Revista Win — Elder Canahui

Todo emprendedor debe tener claro qué es lo que quiere lograr y qué es lo que le gusta. Todos debemos tener una aspiración que nos impulse a salir adelante .

Siempre debemos perseverar en lo que queremos hacer y mantenernos como éramos en los inicios de nuestro negocio.

El éxito de una empresa puede estar en la honradez y la transparencia del negocio; no evadir impuestos, no endeudarnos, ni pagar arriendos, es algo que nos ha funcionado y nos ha permitido mantener una buena administración.

Reinventarse y no pensar en las consecuencias a futuro puede representar un problema. En 55 años, nuestras utilidades se han ido reinventando siempre en lo que sabemos hacer; no dirigimos nuestras utilidades a ningún tipo de negocio diferente que nos distraiga. Lo que haces debe encantarte para que puedas dedicarte a eso siempre.

No ames más al dinero que a tu producto o servicio. Uno debe amar, lo que uno ha hecho, pero ¿el dinero? el dinero lo hacen las tipografías, lo que uno hace no cualquiera podrá replicarlo. Si alguien persevera en su negocio, lo hace porque le gusta. Eso es lo que ha hecho que la empresa, durante 55 años, sea lo que es ahora.

Respetar a la competencia. Sé solo una alternativa más; una propuesta más de estilo, color… mostrar denota que también respetaremos al cliente y seremos honrados.

Hay diversas cosas que permiten a un negocio alcanzar el éxito. Nuestro éxito se define en perseverar y hacer lo que nos gusta. Si nosotros tuviésemos algunos costos financieros y pagaríamos arriendo, la empresa no funcionaría.

A lo largo de este tiempo nos hemos hecho de un concepto: por encima de todo está la empresa, y luego estamos nosotros. Mis cinco hijos trabajan en la empresa, esta compañía les pertenece a ellos, no a Arturo Calle. Llega un momento en el que hay que delegarle el trabajo a gente más jóven, a cerebros más nuevos que se están diversificando, que tienen otro concepto para que cuando yo ya no esté ellos no tengan de qué preocuparse, de la tumba salen directo a trabajar.

Cuando los empresarios tienen buenos hijos, deben entregar en vida una compañía seria y buena.  Qué grave sería, que el creador de una gran empresa muera y los herederos no tengan un pleno conocimiento de la compañía; ese esfuerzo de toda una vida se perderá.

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