Pocas son las buenas historias de emprendimiento que se cuentan acerca de gente que ha emprendido en familia, esta es una de ellas. 

Texto: Elder Canahui / Revista Win

Roberto y Olivia, ambos apasionados por el mundo culinario iniciaron hace diez años con Clio’s, un restaurante de alta cocina ubicado en el corazón de la ciudad de Guatemala. Su pasión por lo que hacen se puede percibir fácilmente; su próxima apertura en Huatulco, México —uno de los diez destinos de playa más buscados en el mundo—, se lo atribuyen precisamente a esa pasión, ya que como Olivia cuenta, sin saberlo, un día cualquiera sus ahora socios se sentaron como cualquier cliente y pudieron percibir esa pasión y ese amor por la cocina que ellos tienen. Luego de varias pláticas se aventuraron a iniciar el proyecto. 

 Roberto y su hermana han incursionado también en la crianza de ganado Jersey de Wisconsin. Importaron un hato de vacas y ovejas lecheras, algo que no existía en Guatemala, así que ellos fueron los primeros en crear el registro genealógico en el Ministerio de Agricultura y Ganadería, como la primera raza de oveja lechera en el país. Al igual con la producción de queso, con la que ya compiten con quesos premium importados. 

Conversar con ellos fue muy inspirador, y pues luego de una charla de poco más de una hora esto les comparto: 

¿Cómo descubrieron su pasión por la cocina? 

Roberto: Cuando estudiaba la carrera en Boston, en mis tiempos libres trabajaba en la cafetería de la universidad, en cuanto me gradué le comenté a mi papá que quería seguir estudiando cocina, pero él se negó a eso, sin embargo me abrió la opción de estudiar hotelería, lo cual está muy relacionado. En mi época de colegio siempre me sentí fuera de lugar, debo confesar que para mí el colegio fue una tortura literalmente; siendo yo alguien tan inquieto, encontré en la cocina un escape, ya que aquí nunca hay rutina, cada día es algo diferente. 

Olivia: Yo lo tuve claro desde siempre, desde muy pequeña tuve ese amor por la cocina, aunque no sabía que podía dedicarme a esto como profesión, así que tomé un curso básico de cocina y cuando descubrí que podía hacer de esto mi profesión decidí hacerlo, y viajé a Boston a estudiar. Alternaba los estudios con trabajo en restaurantes locales de la ciudad, y allí me di cuenta que a pesar de estar largas jornadas de trabajo de pie, no me importaba ese cansancio porque estaba haciendo algo que me hacía feliz.  

¿Cuándo y cómo fue el punto de quiebre de la gastronomía guatemalteca?

Olivia: En lo personal creo que fue hace unos 15 años, cuando nadie tomaba la cocina como profesión, recuerdo cuando le dije a mi papá que me quería dedicar a la cocina no tuve ningún inconveniente con él, caso contrario al de Roberto, que mi papá se negó a que él estudiara esto. Había una barrera cultural que se rompió quizá en la última década cuando más personas se profesionalizaron y empezaron a tomar con importancia la cocina, esto se veía reflejado en los pocos restaurantes que abrían restaurantes con una propuesta gastronomica diferente. 

Roberto: Creo que algo que ayudó mucho, fue que el ser chef empezó a convertirse en tendencia a nivel global y los chefs reconocidos lucían como rockstars, algo que quizá hizo el boom de la cocina en Guatemala y Latinoamérica, también empezó atraer a más hombres hacia esta profesión. 

¿Cómo ha sido trabajar como hermanos? 

Roberto: Al contrario de lo que todo mundo dice, para mí trabajar con Oli ha sido una fortaleza, creo que Clio’s no sería lo que es hoy en día si no estuviéramos juntos en el negocio. Hemos aprendido a respetar las decisiones de cada uno; en estos diez años de trabajar juntos no tengo en mente alguna discusión que hayamos tenido. Creo que todo se debe a los principios que nos inculcaron nuestros padres. 

Olivia: Creo que a pesar de ser hermanos, somos muy diferentes, hemos logrado identificar cuáles son las fortalezas de cada uno. Las habilidades que yo no tengo las tiene él, y yo las aprovecho al máximo, igual a la inversa. 

Los hermanos De La Fuente junto al actor Ben Stiller en Clio’s, Zona 10. / Foto: Cortesía

¿Cómo fue el inicio de Clio’s? 

Roberto: Al concluir mis estudios en hotelería, entré a trabajar a un hotel de El Salvador, sin embargo buscaba algo más, regresé a Guatemala y empecé a trabajar en el negocio de mi papá, pero siempre tenía esa sensación de estar en el lugar incorrecto. Recordé nuestros años con mi hermana en el negocio de catering y le propuse que nos lanzáramos a abrir un restaurante; ella se entusiasmó con la idea y arrancamos el proyecto en Fontabella, estuvimos  allí casi 7 años, hasta que tuvimos que ampliarnos y nos movimos hace 3 años a nuestra ubicación actual. 

“Creo que a pesar de ser hermanos, somos muy diferentes, hemos logrado identificar cuáles son las fortalezas de cada uno. Las habilidades que yo no tengo las tiene él, y yo las aprovecho al máximo”

¿Cómo ha sido el crecimiento del negocio? 

Olivia: Todo restaurante cuando abre tiene una curva hacia arriba, se lo atribuyo a que la gente siempre busca algo nuevo para comer, y esa curiosidad por la novedad hace que un restaurante despegue “rápidamente”, el gran reto está en mantenerse a lo largo del tiempo. Una espinita que tuvimos desde que abrimos y cuando estábamos en Fontabella no pudimos hacer, era montar una tienda, aquí en esta nueva ubicación con más espacio ya pudimos abrir la tienda de Clio’s, la cual ofrece productos elaborados por nosotros y algunos otros de productores locales, como mieles de distintas regiones de Guatemala, mermeladas de temporada, etc. 

Roberto: Mi papá siempre me dice: “En los tiempos de crisis uno se vuelve creativo”, y eso es lo que hemos hecho. Aprovechamos la experiencia de Olivia en el tema del catering y decidimos entrarle a esa parte del negocio, lo cual ha sido un motor para nosotros, atendemos eventos de 4 hasta 500 personas; nos metimos a las plataformas de delivery como Uber Eats con nuestros sándwiches… El único que logra sobrellevar las situaciones difíciles es el que se vuelve creativo en los tiempos de crisis, sin desenfocarse del corazón del negocio. 

¿Qué factores negativos han encontrado en el camino? 

Roberto: Considero que hace 10 años cuando empezamos, la oferta gastronómica era muy poca, con el paso de los años hemos visto cómo esto ha crecido fuertemente hasta llegar a una saturación, que es algo bueno, el problema es que no tenemos turismo, nuestro mercado es en un 97% local y en un 3% turista.  

Olivia: Hace 10 años la gama de ingredientes que uno encontraba en Guatemala era casi nula, increíblemente hasta en las lechugas, teníamos que importar muchos ingredientes para poder ofrecer el sabor auténtico de los platillos.  

¿Cuál ha sido la clave de su éxito? 

Roberto: Creo que mi hermana y yo hemos tenido una característica que nos define por igual a ambos, y es la pasión por lo que hacemos, esa misma pasión se transforma en felicidad. Somos felices haciendo lo que hacemos.  

Olivia: El hecho de hacer lo que hacemos de una forma tan auténtica y con esa pasión, es lo que nos mueve y nos hace hacer las cosas bien. Estoy segura que si nosotros nos dedicáramos a hacer el catering industrializado, y vender por montones, ganaríamos mucho más dinero pero perderíamos la esencia; nosotros llevamos todos los ingredientes y preparamos en el momento y el lugar del servicio —casi que llevamos la cocina en la espalda—, es quizá más difícil, menos “rentable”, pero creo que eso al final del día se transforma en nuestro éxito personal, y por consecuencia en el éxito del negocio.

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