Todos hemos caído en el sesgo de confirmación, incluso aunque no nos diéramos cuenta. A nuestros cerebros les encanta la información que reafirma nuestras creencias e ideas, por eso inconscientemente tratamos de provocar la respuesta que queremos escuchar.

No obstante, al momento de tomar decisiones, hacer la pregunta correcta puede ser la diferencia entre estrellarse y despegar. Jeff Haden, experto en desarrollo profesional y autor de The Motivation Myth, nos recuerda que no solo debemos hacer la respuesta correcta, sino también hacerla de la forma adecuada.

Aquí hay algunas formas de hacer preguntas mucho mejores y, como resultado, obtener respuestas excelentes, que es el punto de hacer preguntas en primer lugar.

Haz preguntas de una oración

Hay que exponer el problema en detalle, pero limitarse a preguntas de una oración. “¿Cómo podemos aumentar la productividad?“, “¿Cómo podemos mejorar la calidad?” o “¿Qué harías si fueras yo?“, por ejemplo.

Mantener las preguntas de una oración ayuda a que se mantengan abiertas.

Deja de hacer preguntas con opciones

Digamos que tenemos un problema de calidad y hemos encontrado dos soluciones posibles. Cada una con pros y contras. Así que vamos a buscar la realimentación de un miembro del equipo. Entonces hacemos la pregunta: “¿Deberíamos desechar todo y volver a comenzar o debemos hacer el envió y esperar que el cliente no lo note?”. Muy probablemente, la persona va a elegir una opción y ahí se va a quedar el asunto.

Pero, ¿qué pasa si había una opción mejor que no habíamos considerado? No es una buena práctica hacer preguntas que asuman una respuesta, porque limita la posibilidad de idear soluciones más creativas.

Aquí hay una mejor manera de hacer la misma pregunta: “Hay defectos en todo el pedido. ¿Qué crees que deberíamos hacer?”

En lugar de compartir opciones, hay que exponer el problema. Luego preguntar, “¿Qué piensas?”, “¿Qué harías?” o “¿Cómo debemos manejar esto?”. Hay que dejar que la gente piense.

Las personas responderán con mucho más cuidado y propondrán ideas mejores.

Haz preguntas aclaratorias

Es fácil caer en la trampa de pensar que, como líder o profesional, debes tener todas las respuestas y que hacer ciertas preguntas pueda hacerte sentir vulnerable. Pero, no debería ser así. Cuando haces preguntas, muestras respeto. Muestras confianza. Demuestras que estás dispuesto a escuchar y aprender.

Además, pedir una aclaración es fácil. Basta con decir: “¿Cómo me explicarías esto si yo no supiera nada de nuestra compañía o producto?” o “¿puedes explicarme una vez más esto?, quiero asegurarme que no me perdí de nada”.

Deja de hacer preguntas dirigidas

Hacer una pregunta que asuma una respuesta particular es fácil cuando ya creemos que tenemos razón y solo deseamos que nos lo digan.

Por ejemplo:

  • “¿Crees que deberíamos esperar más de lo que ya tenemos para una respuesta?”
  • “¿No crees que deberíamos seguir adelante y liberar esa orden?”
  • “¿Crees que es hora de entregar ese proyecto a otra persona?”

En estos ejemplos, cada pregunta asume una respuesta: claramente piensas que debe dejar de esperar por comentarios, liberar la orden y reemplazar a un líder de proyecto. La respuesta que desea escuchar es obvia.

Aquí hay mejores maneras de hacer esas mismas preguntas:

  • “El cliente no ha firmado el prototipo. ¿Qué crees que deberíamos hacer?”
  • “¿Qué crees que deberíamos hacer al respecto?”
  • “¿Cuál crees que es la mejor manera de manejar ese equipo de proyecto con problemas?”

Ninguna de esas preguntas conduce a una respuesta particular. Y cada uno también deja espacio para una variedad de opciones.

Habla lo menos posible

Las grandes preguntas están diseñadas para descubrir lo que la otra persona sabe. Así que escucha. Nunca sabes lo que puedes aprender. Y si no te quedas callado y escuchas, nunca sabrás lo que podrías haber aprendido.

*Con información de Vox

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