Resulta que viajar por el mundo en el Air Force One puede hacer maravillas por tu lista de deseos turísticos.

Practicar el snorkel en las cristalinas aguas azules del Pacífico frente a la Isla Midway. Hecho. Pasear por las enigmáticas columnas de Stonehenge. Hecho. Visitar el Museo de Bob Marley en Jamaica, las pirámides en Egipto y la Gran Muralla China. Hecho, hecho y hecho.Por: Michael D. Shear | Fotografías: The New York Times / Revista Win

El presidente Barack Obama ha pasado la mayor parte de su tiempo de viajes en los últimos ocho años en misiones oficiales: incontables eventos de recaudación de fondos, visitas estatales a capitales extranjeras, mítines motivacionales con tropas estadounidenses, anuncios políticos e interminables reuniones cumbre en salones de hoteles en todo el mundo.

Pero quizá más que cualquiera de sus predecesores, Obama también ha aprovechado la oportunidad para convertirse en el máximo turista, apartando tiempo metódicamente para maravillarse con las vistas más espectaculares del mundo, al parecer absorbiendo cada experiencia.

No todos los presidentes son turistas entusiastas. El presidente George W. Bush era impaciente cuando se trataba de apreciar las vistas. En 2002, Bush pasó solo 30 minutos en la Gran Muralla China. Un colaborador de la Casa Blanca dijo a un reportero en 2004 que a Bush le gustaba una agenda despejada y apretada.

El presidente Bill Clinton, según todos los relatos, estuvo más dispuesto a incluir escalas turísticas, aun cuando eso significara visitas a altas horas de la noche antes de partir muy temprano en la mañana. En una visita a Madrid, Clinton recorrió el Museo del Prado, el museo de arte nacional de España, a las once de la noche.

Los colaboradores de Obama dicen que él ha sido firme en instarlos a programar escalas en lugares que le den la oportunidad de hacer un poco de turismo. En Roma para conocer al nuevo papa en 2014, Obama también realizó un recorrido guiado privado por el Coliseo. Después de cuatro días de negociaciones de paz en Medio Oriente en 2013, el presidente fue como turista a Petra en Jordania, visitando las ruinas de 2000 años de antigüedad talladas en los acantilados de arenisca.

Y, en 2014, al final de un viaje de tres días a Estonia y una reunión cumbre de la OTAN en Gales, Obama se trepó a una caravana para un breve recorrido hasta los monolitos en Stonehenge, donde realizó un paseo recreativo. Declaró al sitio «espectacular» y «un lugar especial» antes de decir a los reporteros: «¡Tachado en la lista de deseos!»

Los viajes de Obama —junto con sus frecuentes salidas a jugar golf y visitas de verano a Martha’s Vineyard— han generado algunas críticas, especialmente de parte de republicanos que cuestionan el valor de los viajes y el costo para los contribuyentes.

Judicial Watch, un grupo vigilante conservador, ha usado solicitudes y demandas bajo la Ley de Libertad de Información para tratar de conseguir información sobre el costo de los viajes del presidente. El grupo afirma que los viajes de Obama, oficiales y personales, han costado a los contribuyentes unos 80 millones de dólares.

Los colaboradores del presidente insisten en que la mayor parte del turismo personal de Obama sirve también a propósitos diplomáticos importantes. Comer en un local en Vietnam con Anthony Bourdain para su programa de CNN, dicen, ayudó a transmitir la esperanza del presidente de una relación más profunda entre los pueblos de las dos naciones. Y la cita para cenar de los Obama en un restaurante en Cuba ayudó a cimentar la imagen de un nuevo tipo de relación entre Washington y La Habana, dos viejos adversarios.

«Estos momentos permiten al presidente destacar temas que le importan experimentándolos de primera mano —dijo Liz Allen, subdirectora de comunicaciones de la Casa Blanca. Ver un glacial que se derrite en Alaska o recorrer los senderos de nuestros parques nacionales, realmente hace comprender el impacto del cambio climático y la importancia de conservar nuestras tierras y aguas».

«Y cuando viaja al extranjero —añadió—, apartarse del camino tradicional para visitar un sitio culturalmente emblemático profundiza más los lazos con ese país».

No hay duda de que la presidencia ha dado a Obama acceso extraordinario a personas, lugares y experiencias que la mayoría de los demás no tienen.

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